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Polifonía de la resistencia

ESCRIBIR COMO ACTO POLÍTICO

Por Jannia Gómez

La sesión del 25 de noviembre de 2014 inició con un conjunto de preguntas que apuntaban a visualizar las posibles continuidades y rupturas contenidas en las obras leídas hasta el momento por los y las participantes del club de lectura. Este primer momento permitió vislumbrar posibles conexiones con el texto que se leyó para la sesión de la académica Claudia Mosquera Rosero-Labbé (2007) “Lecturas críticas de los talleres de salud sexual y reproductiva y de fortalecimiento cultural desarrollados con mujeres negras desterradas por el conflicto armado en Colombia”. De aquí vale la pena resaltar la pregunta de por qué, en un contexto de racialización generalizada, la escritura se torna en un elemento relevante para las personas subordinadas en la estructura racial. Dicho de otro modo, ¿por qué escriben las personas afro estando en contextos históricos tan diferentes y “lejanos”? Esta pregunta, se conjugó con otra aparentemente baladí: ¿qué es, en suma, la literatura afro? ¿Es tan evidente el criterio que delimita este tipo de producción literaria del resto?, y, derivado de lo anterior, ¿por qué la literatura afro debe estar acompañada y diferenciada por la palabra “afro” que la distingue de una suerte de “literatura general” o simplemente conocida como “literatura”? Para acompañar estas preguntas se proyectaron un par de videos: la canción “Sweet Family” del cantante nigeriano Prince Nico Mbarga con extractos del archivo fílmico de Cartagena por una parte y, de otra, un fragmento de la película “Birth of a nation” de D.W. Griffith (1915) para indagar si estos artefactos podían ser interrogados como producciones literarias. 

La segunda parte del taller estuvo dirigida a problematizar la idea según la cual toda “escritura negra” es, de cierto modo, política. Problematización que debe entenderse, simultáneamente, como una toma de distancia y como una afirmación. Para ello, fue importante complejizar lo que se concibe como literatura y como lo afro. Así, indagamos colectivamente qué era lo que entendíamos como literatura; de ahí emergieron elementos tales como la cuestión de la sensibilidad, una forma de apreciar el mundo, un modo de poner a circular los sentimientos propios y, por supuesto, la dimensión escrita. Frente a estas apreciaciones, se planteó que la conceptualización de la literatura ha pasado por hondas modificaciones pues, antes de la primera mitad del siglo XIX europeo, se refería a todo lo escrito e impreso, de tal modo que la ciencia, por ejemplo, era concebida como una empresa literaria. Sin embargo, esta ligazón directa con la escritura sugería cierta forma de discurso lineal, que se presentaba como racional y que excluía otras formas de discurso que no eran tipificadas como racionales (tradiciones orales, canciones, danzas, etc.). En esta concepción, ni lo que había sido clasificado como negro ni las personas y sus formas de vida que eran atrapadas bajo esa categoría, eran pensados como literatos. Es decir, la escritura de una persona racializada como negra era una suerte de subversión de lo establecido en la medida en que contrariaba el “destino asignado” por la tradición europea colonialista. 

Lo afro, por su parte, debe situarse como una construcción histórica, anclada a contextos concretos y en relación con otros significantes que circulan para articular la acción colectiva (negro, mujeres de color, etc.). Es decir, la matriz que piensa la escritura como exclusiva de ciertos sujetos (blancos, de clase media-alta, heterosexuales, hombres, europeos, etc.) racializa de diferentes formas a las personas y sus prácticas, lo cual imprime plasticidad a lo que se concibe como “afro” o “negro”. 

Así las cosas, se perfilan dos formas de producción literaria afro: una “tradicional” que es usar la escritura como lo plasmado en un texto que sigue ciertas reglas de inteligibilidad pero que a su vez plantea temáticas que dan cuenta de un “desplazamiento interno” (pensemos en Manuel Zapata Olivella, por ejemplo) y una que rompe las barreras de la escritura como se concibe usualmente y reinstala otras formas de “escribirnos”: hip hop, realizaciones audiovisuales, producción teórica, etc. Este doble frente nos plantea que la construcción de una genealogía de la literatura afro, en su potencialidad política, debería poder moverse entre estos dos formatos, para reconocer, movilizar y des/aprender. Finalmente, “leímos” algunas canciones de las raperas cuabanas feministas, antirracistas, lesbianas y veganas “Las Krudas” y un fragmento del texto “La prieta” de la autora chicana Gloria Anzaldúa. 

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Ana María Trujillo (S)ocióloga Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes.
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