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VERSIONES CAPITALES
GLOBALIZAR LA PAZ
ESCRITO POR
Lorena María Aristizábal Farah
Politóloga y Magister en Estudios Culturales.
Jorge Mantilla
Librero frustrado, lector de oficio.

GLOBALIZAR LA PAZ

Sufrimos, tal vez, de un exceso de información. Cientos de noticias de todo tipo se mezclan en las pantallas de nuestros dispositivos, desde las últimas promociones de cuanta tienda virtual, hasta la ocupación de un pueblo sin territorio, pasando por algún atraco en extremo violento en algún sector de la ciudad. Y al final la sensación es de caos, de incomprensión, de guerra.

En este mar de información de cuya veracidad, además, nos cuesta tener certeza se nos escapa la posibilidad de hacernos una idea más completa, más general, más depurada de lo que está pasando en este mundo. Yo últimamente disfruto más leer esas noticias que sé de entrada falsas y que, cargadas de ironía y cinismo, por lo menos nos maquillan con humor lo absurdo de las relaciones humas. Pero eso por un rato, porque al final es verdad que me preocupa, que siento que puedo hacer algo, que me resuena en lo profundo la indignación de la nación palestina, que me remueve las entrañas el cinismo de los gobiernos gringos y sus excusas para la ocupación, que estoy cansada de la guerra y le apuesto en serio a la paz, aquí y allá.

Tantos drones, tantas bombas, tanta mierda hastían.  

Me llamo Lorena María Aristizábal Farah, no he conocido nunca a nadie (aparte de mi familia) con mi segundo apellido aunque sé que por el caribe hay muchos de los míos. La historia me vincula a Siria, el país del que salieron mis bisabuelos y del que sé poco menos que nada, pero cuyo nombre aparece cada semana en algún medio interesante con imágenes de fondo de columnas de humo y niños ensangrentados. Mis familiares lejanos, que sigo a través del Facebook, salieron desplazados de Damasco a Europa en los últimos años. Siria está en guerra, y quiero entender por qué.

Con el objetivo de poner tanta información en orden, de acercarme a un mínimo de entendimiento de lo que ocurre en ese lado del mundo en el que también están mis raíces, de llenar de comprensión mi indignación y de rastrear algún resquicio por el que pudiera, eventualmente, colarse la paz, me senté a hablar con mi amigo Jorge Mantilla, un juicioso experto en el tema quien sin duda me dio las luces que hoy compartimos en este artículo. 

El mundo se reordena 

Así de plano comenzaré por hacerte las grandes preguntas y después ahondamos en lo profundo ¿qué está pasando en el mundo, cuáles son las grandes guerras, dónde situadas y por qué?

En este momento estamos asistiendo a la reconfiguración del orden internacional de post guerra fría, que se supone era lo que en algún momento los estadounidenses llamaron “el nuevo siglo americano”. El siglo XX fue un siglo eminentemente norteamericano en el que se consolidó el proyecto político de los Estados Unidos (que es un proyecto de identidad nacional independiente del gobierno de Bush, o del gobierno de Obama) según el cual se considera a este país como -en palabras de Madeleine Albright, Secretaria de Estado de los 90- “la nación indispensable”. En este momento estamos asistiendo a un reordenamiento de ese poder internacional en tanto hay un agotamiento del poder de los EEEUU. Eso está definido en términos económicos evidentemente por el ascenso de China e India, y lo que va sucediendo es básicamente que el centro del mundo, que durante el siglo XX estuvo concentrado en el Atlántico se está moviendo hacia el Pacífico.

Ese agotamiento del poder estadounidense se ve reflejado en una serie de conflictos. Tres de ellos me parecen a mí determinantes: 1. El conflicto árabe-israelí. 2. La guerra contra el terrorismo, que hoy se materializa en la guerra contra el Estado Islámico y 3. La guerra en Siria. Esos tres conflictos que uno podría denominar como regionales, y situados específicamente en el gran Medio Oriente, en realidad son unos conflictos que están mostrando la incapacidad de EEUU primero, para liderar en un proceso de paz equitativo tanto para Israel como para Palestina; segundo, para derrocar a Bashar al-Assad en Siria; y tercero, para evitar el fortalecimiento del Estado Islámico.

Estados Unidos ha sido considerado la gran potencia militar del siglo XX, no hay una sola generación de estadounidenses que no haya asistido a una guerra internacional, pero la gran paradoja del siglo XXI es que tenemos un Estado, que siendo el más poderoso del mundo, jamás se va a sentir seguro y eso implica de por sí unas tendencias geopolíticas importantes.

Ahora bien, ¿qué más hay entre el tintero? está el resurgimiento del zarismo ruso. Es decir, un Putin, el Zar del siglo XXI como lo han denominado, y una vocación Rusa a recuperar esa imagen, esa identidad, ese poderío que tenía la Rusia del siglo XIX y el siglo XX. Eso se expresa muy concretamente en el conflicto que hay ahora con Ucrania, pero sobretodo en los límites y el gran desafío que significa hoy el poder económico, militar y político ruso para el proyecto de la Unión Europea.

Esos son los grandes conflictos que están sucediendo ahora. Ahora bien, gran parte de esos conflictos tienen que ver con escenarios locales. El conflicto ucraniano es de vieja data, de viejas heridas, incluso desde los tiempos del zarismo, desde los tiempos de la Unión Soviética. El conflicto entre sunitas y chiitas lleva miles de años. Éstos son conflictos locales y de vieja data que, en tanto componen una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos, se vuelven conflictos globales en los que se termina demostrando que Estados Unidos es un país con cada vez menos capacidad de influencia.

¿Qué se puede esperar de Estados Unidos en este contexto? Es sabido que en ese viejo dilema de las relaciones internacionales entre orden y libertad, los Estados Unidos siempre han preferido el orden y, en esa perspectiva, su solución a los problemas internacionales siempre va a ser una solución militar. Ya desde los años 90, e incluso desde antes del 11 de septiembre, Estados Unidos tenía bases militares en 153 países y el monopolio de las armas del mundo. La guerra ha sido por excelencia el motor de desarrollo de los Estados Unidos y en este momento en que dicho país enfrenta una situación de crisis económico-energética lo esperable es que sus decisiones políticas, una vez más, sean acordes con la declaratoria de acciones militares y la movilización de guerras por los recursos naturales y por la influencia geopolítica para garantizar la libre circulación de bienes y servicios por el “bienestar” de sus ciudadanos.  

En esa caracterización, ¿cómo identificarías estos conflictos? ¿Son guerras por recursos naturales, por posicionamiento geopolítico, por el control financiero frente a China?

En términos generales, son guerras geopolíticas que propenden por la continuidad del sistema global. Para Estados Unidos el mundo se divide en dos grandes partes: una parte que está interconectada entre sí, una parte feliz donde reina la democracia, el libre mercado y los derechos humanos, y otra parte en la que están los desconectados, los que aún no están articulados al sistema internacional de circulación de capital donde, en consecuencia, hay amenazas terroristas, extremismo religioso y dictadores fanáticos. Para Estados Unidos son ellos quienes están llamados, a partir de un ejercicio de violencia civilizatorio, a conectar a los desconectados. Ese es el proyecto, viejo anhelo, de los halcones estadounidenses, los neoconservadores de Bush, de llevar la democracia a Afganistán, Irak y distintos lugares pues consideran que a través de conectar a los que están hoy desconectados de lo que llamamos globalización se puede superar la guerra: como lo afirma la teoría de la paz democrática: “la democracia no se hace en la guerra”.

En este contexto de reordenamiento del Sistema Internacional y haciendo una comparación con ese periodo inaugurado con el ataque a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 ¿cuál es el nuevo escenario con el Estado Islámico? ¿Qué es ISIS y qué implica su aparición para esta reconfiguración de la guerra contra el terrorismo? ¿Qué puede interpretarse de la reacción de los Estados Unidos ante sus últimas acciones?

Yo defino al Estado Islámico como La hidra de Lerna, como esa figura de la mitología griega a la cual le cortaban una cabeza y le salían dos, y le cortaban las dos y le salían cuatro. Hay que entender que el Estado Islámico es una disidencia de Al Qaeda, y es una disidencia porque es mucho más extremista que Al Qaeda. De hecho algunas de las personas que hacen parte de ISIS fueron expulsadas por Al Qaeda porque consideraban que eran demasiado extremistas, y que ese extremismo afectaba la relación de Al Qaeda con el pueblo. Lo particular del Estado Islámico es que la mayoría de sus miembros y comandantes fueron parte del ejército de Saddam Hussein. El ejército de Hussein estaba adscrito a un partido que se llama el Baaz, que se reivindicaba como laico. Entonces, si bien Saddam Hussein era un déspota, era un déspota laico, y ese tipo de despotismo laico le permitía mantener controladas las disputas religiosas tanto de chiitas como de sunitas. Una vez derrocado Saddam Hussein emergen liderazgos aún más radicales como, por ejemplo, Abu al-Bakr quien es hoy el Califa del Estado Islámico.

En términos muy generales la historia es la siguiente: en el 2004 durante la sangrienta toma por parte de EEUU de la ciudad de Faluya en Irak, cayeron presas muchas personas que posteriormente fueron torturadas y mantenidas en confinamiento en el programa de cárceles secretas de la CIA; fue allí donde personas que inicialmente eran laicas, atravesaron por un proceso de radicalización religiosa: ese es el caso de al-Bakr. Después del ataque, los sunitas (que eran minoría en Irak pero una minoría muy potente que gobernó el país) sufrieron un desmejoramiento dramático de sus calidades de vida, de locomoción, económicas, etc. Esto sucede en un contexto en el que Estados Unidos ha señalado a Saddam Hussein y a Al Qaeda como los verdaderos y principales enemigos del país (lo cual era un mito porque el movimiento yihadista era muy heterogéneo); lo que hace Estados Unidos con esto es legitimar a Al Qaeda frente al movimiento yihadista y convertirlo en un símbolo que comienza a operar como inspiración ideológica y técnica para distintas organizaciones; Al Qaeda comienza a operar a manera de federación. En un principio Al Qaeda se ubicaba en Afganistan, después también en Paquistán, pero después aparece el AQMI que es Al Qaeda en el Magreb islámico (con un grupo que se llama Grupo salafista para la predicación y el combate en Argelia) y posteriormente también el Al Qaeda en Irak con el líder al- Zarqaui. Al Zarqaui muere en el 2006 y es a partir de ese año que comienza el proceso de gestación del Estado Islámico. El Estado Islámico es la organización que recoge el descontento del pueblo sunita.

Lo que hay allí es la continuación de la guerra contra el terrorismo; una década después de ese 11 de septiembre, de haber hecho una guerra que le costó billones de dólares a los Estados Unidos, miles de vidas, el escenario es prácticamente el mismo. Actualmente Estados Unidos ha planteado como estrategia de guerra contra el Estado Islámico una serie de ataques aéreos que no implique poner tropas en tierra. Eso, desde el punto de vista estratégico es una ilusión, es una ingenuidad. Siempre que hay una intervención militar, está destinada a terminar en un conflicto en el escenario de tierra. Entonces Barak Obama no va a poder cumplir sus promesas electorales y está ad portas de ordenar una nueva invasión a Irak. Lo que tenemos pues con el Estado Islámico es esa Hidra de Lerna, ese monstruo que nos recuerda que 1. La guerra contra el terrorismo no se ha terminado y 2. Estados Unidos perdió la guerra contra el terrorismo. Ésta es una guerra que va a durar mucho tiempo, donde se va a expresar la nueva gramática de la guerra: drones, contratistas, cárceles clandestinas, grupos de operaciones especiales; un ejercicio des institucionalizado y transnacional de la violencia política.

Es tan complicado el tema del Estado Islámico que incluso Barak Obama ha cambiado su discurso frente al presidente de Siria Bashar al-Assad, ya no es tan claro hasta qué punto a Estados Unidos le interese en realidad tumbar a al-Assad. Porque al igual que Saddam Hussein, al-Assad puede ser un déspota, pero es un déspota laico y el intento de los Estados Unidos por tumbar a Bashar al-Assad lo que hizo fue que resurgiera el poderío del yihadismo. Y el yihadismo, hay que decirlo, es un proyecto político global. Ellos quieren hacer un califato que vaya desde Yakarta, desde Indonesia, y vaya hasta Andalucía como fue el Califato de Córdoba en el S XVI y han demostrado esa vocación de expansión, esa capacidad económica. No es sólo una gente radical que quiere destruir a los Estados Unidos sino que además tiene la capacidad para hacerlo.

¿En qué se sostiene esa capacidad? ¿Qué es lo que los hace tan potentes?

Primero hay una superioridad moral, mientras que los soldados norteamericanos van a esos lugares con la idea de volver y disfrutar de unas vacaciones, de pensionarse, para los yihadistas morir es un honor. Pero además hay una cosa muy importante y es que por más que los consideren fanáticos y demás son agrupaciones muy modernas, como lo dijo John Gray en Al Qaeda y lo que significa ser moderno. Tu miras los videos y son ediciones muy buenas, son grandes conocedores de las redes sociales, tienen propaganda en alemán, en francés, en inglés, en español, eso también les ha permitido tener esa composición tan cosmopolita, y además funcionan a través de un sistema financiero internacional. Esa capacidad financiera y el hecho de que haya un fenómeno de radicalización islámica de jóvenes con nacionalidad occidental, les permite, en efecto, tener personas en Estados Unidos, en Alemania, en cualquier lugar, con la capacidad de cometer un atentado en cualquier momento. Uno ve, por ejemplo, el caso de Alemania, donde hace unas semanas se sacó una legislación para prohibir un grupo que se autodenominó La Policía de la Sharia, sectores radicalizados que se han sentido oprimidos precisamente por esa derecha europea que ha venido ascendiendo; se han venido conformando también estructuras yihadistas en países europeos. La importancia de todo esto es que hay un mensaje, y mientras haya un mensaje, una inspiración, una orientación ideológica, la cuestión es simplemente accionar la violencia, para ellos es una cosa muy clara. Hay una consigna que dice “no somos una organización, somos un sistema”. Y ese sistema lo que permite es que cualquier grupo en cualquier país del mundo, sin abandonar su agenda local, se una a una agenda global contra los Estados Unidos, sin necesidad de rendirle fidelidad a otro liderazgo; es una yihad que funciona prácticamente sin liderazgo.

¿Cuál es el objetivo del Estado Islámico?

Ellos se llaman Estado Islámico y del Levante, el levante es el oriente, que para ellos es el valle que va entre el Tigris y el Eufrates y su objetivo es hacer un califato allí. Y son varias las organizaciones con un objetivo semejante, está el caso de Al Shabab en Somalia o el caso de Boko Haram en Nigeria. La característica de ISIS es que es la primera organización de ese tipo con una real vocación de ejército porque sus miembros fueron antiguos militares y porque estuvieron presos en las cárceles de Estados Unidos. De allí, por ejemplo, que las personas que ejecutan, salgan con los mismos uniformes que ellos usaban en Guantánamo. Es un símbolo. Lo ha dicho Irán frente al Estado Islámico: Frankenstein ha despertado para perseguir a su creador.

La paz como objetivo parece un mal chiste en este escenario internacional tan complejo, porque sabemos que las causas y los intereses son profundos y enredados. Uno piensa por ejemplo en lo que acaba de pasar entre Israel y Palestina y la paz pareciera traducirse sólo en acuerdos de no agresión temporales. ¿Cómo ves esa posibilidad de neutralizar estas guerras, si existe o no, en cada uno de los tres conflictos que has mencionado, el conflicto árabe-israelí, la guerra contra el terrorismo y la guerra en Siria?

Yo creo que la posibilidad de construir un mundo un poco mejor pasa fundamentalmente por una reforma a las Naciones Unidas. Por ejemplo que desapareciera el Consejo de Seguridad y que sólo quedara la Asamblea General. Un país, un voto. Y que en efecto, las decisiones internacionales, o de ese sistema internacional, fueran tomadas de una manera democrática, entiéndase, por la mayoría de los países. Adicionalmente a eso considero que es muy importante cambiar la imagen que se ha creado en los últimos años acerca del Islam. La estrategia por excelencia que debió haber seguido Estados Unidos era aliarse con los musulmanes moderados, que son la gran mayoría de musulmanes. Pero los desastres estratégicos que ha cometido EEUU en la guerra contra el terrorismo a lo que llevó fue a una radicalización de esos musulmanes moderados. Hay que potenciar al islam moderado, como una religión que plantea vivir en paz y cuya apuesta no es acabar con los cristianos ni nada semejante. También es necesario aislar políticamente al yihadismo. Estos personajes son gente que en su concepción de la vida y de la política y de la paz, consideran necesario acabar con todo aquel que no sea suní y musulmán. Ahora, estas expresiones igual no van a cesar, nosotros no podemos suponer que con una serie de medidas, vamos a detener un conflicto entre chiitas y sunitas que lleva desde la misma muerte de Mahoma, por determinar quién era su descendiente.

En el caso de Rusia y Ucrania, creo que la estrategia ha sido también desastrosa porque solo ha fortalecido a Putin. Fíjate en esto: cuando hubo una transición de gobierno en Ucrania hacia un gobierno pro occidental, lo primero que hizo Putin fue anexarse a Crimea vía un referendo, y cuando el mundo diplomático occidental trataba de responder a eso, Putin metió a los separatistas rusos a Ucrania. La crisis dejó de ser Crimea y pasó a ser el tema de los separatistas en Ucrania. Y después creó otra crisis con la caída del avión. Putin va creando crisis que sólo él puede resolver y eso lo posiciona como el gran ganador de todo ese escenario internacional.

Ahora, el conflicto árabe- israelí es tal vez el más difícil de todos y creo que en efecto la posibilidad de que Estados Unidos salga bien librado de la guerra contra el terror, de esta guerra contra el Estado Islámico, del conflicto en Siria, pasa necesariamente por el conflicto árabe-israelí. Recordemos que los Estados Unidos eran la “potencia de la paz” durante la primera década de los noventas, pero que la llegada de Bush, la operación Plomo fundido en el 2006 y una serie de acciones de respaldo por parte de  Estados Unidos a Israel contra Palestina inciden también en la radicalización de todo el mundo árabe. Creo que Estados Unidos tiene que resolver, y puede hacerlo, el conflicto árabe-israelí, con la solución bien sea de un estado binacional, o de dos estados con igualdad de condiciones. Pero mientras EEUU no resuelva el conflicto árabe-israelí de una manera equitativa es muy poco probable que vaya a haber un acercamiento de sectores musulmanes hacia occidente y que vaya a existir la posibilidad de apoyar a los sectores moderados del Islam.

Adicionalmente a eso, me parece que, en efecto, sí es importante construir enclaves regionales de paz. Por ejemplo la iniciativa que hubo en su momento de declarar a América Latina como un territorio desnuclearizado es muy importante. La desnuclearización es fundamental, hoy en día uno puede hacer una línea pasando por Pakistán, India, Irán, China y todos tienen capacidad nuclear. Ya no estamos aquí frente a la figura de la segunda guerra mundial donde había dos estados con poder nuclear, sino que el poder nuclear está cada vez más masificado.

En conclusión creo que es importante primero, reformar las Naciones Unidas, segundo, estimular los sectores moderados del Islam y tercero, hacer enclaves regionales de paz a partir, por ejemplo, de procesos de desnuclearización. La sociedad civil puede aportar mucho en eso, en construir movimientos sociales internacionales por la desmilitarización, por que se restrinja y disminuya el mercado internacional de armas. Los países que hoy hablan de paz internacional, que negocian los tratados de no proliferación de armas son los mayores productores de armas. Y para nadie es un secreto que es la industria por excelencia de la guerra, no sólo la industria de las armas, sino la industria del espionaje y la contrainteligencia, la industria de los drones, la industria de los contratistas privados y las empresas de seguridad privadas el fundamento de muchas economías como la norteamericana. Estamos a merced de un capital y un proceso de globalización cuyas potencialidades económicas, culturales y comunicativas se están manifestando militarmente. Finalmente la guerra es hoy una forma unilateral de globalizar cosas y es lo que se está demostrando.

Tendremos entonces que globalizar la resistencia, la apuesta real por la desmilitarización y por la dignidad de las naciones. Transnacionalizar la lucha por la paz.

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