I.LETRADA.CO | ARTíCULO INVITADO 1 | 5 DIÁLOGOS EN LA HABANA
ARTíCULO INVITADO 1
5 DIÁLOGOS EN LA HABANA
ESCRITO POR
José Antequera
Mi oficio es la causa que me mueve. Compongo canciones en el río y no me pierdo una marcha.

5 DIÁLOGOS EN LA HABANA

Muchos diálogos han tenido lugar en la Habana, muchos discursos, demandas y apuestas han convergido en esa ya emblemática mesa blanca, pero estas son otras voces, las de la experiencia, las de la vivencia subjetiva.

I

- Justamente hoy estuvimos hablando de tu padre en un evento. Él era muy amigo de Jaime, ¿no? Me acuerdo que en una entrevista que le hicieron en el periódico Voz, hace muchos años, decía que se la pasó “para arriba y para abajo” con tu papá los últimos tres meses antes de que lo mataran.

Cuando era niño llamé varias veces a la casa Jaime Garzón. Me fascinaba la idea de poder hablar con el señor de Quac, de contárselo a algún amigo. Llamé muchas veces al teléfono que tenía mi madre apuntado en un cuaderno pensando que lo de la amistad con mi papá era puro cuento. Mi madre contaba, como cosa especial, la historia de una chaqueta que Jaime había ido a pedir a la casa después del asesinato de José Antequera. Ahora que soy grande y sé que lo de la amistad era cierto, pienso a veces en la bendita chaqueta.

- Bueno José, precisamente hoy que estamos de conmemoraciones, tengo que darte una noticia muy importante. He sido designado por las Naciones Unidas y la Universidad Nacional de Colombia para informarte que has sido seleccionado como una de las primera doce personas, representantes de las víctimas, que van a ir a la Habana.

Uff…

- Yo sé que ésta es una noticia muy importante y me imagino todo lo que estará pasando por tu cabeza en este momento. Pero tengo toda la certeza de que vas a hacer un muy buen trabajo.

- Ufff…

- Tengo que pedirte discreción con esto, por seguridad.

- Claro que sí. Uffff…

- Y bueno, tengo que preguntarte formalmente si aceptas esta invitación.

- Por supuesto. Ufffff…

No puedo evitar pensar en esa foto de la Revista Semana de no sé qué año. Antonio Navarro en la mitad. También está Bernardo Jaramillo. Mi papá se ve un poco delgado y con los pantalones que le llegan hasta el ombligo. La histórica reunión para la liberación de Álvaro Gómez.

Una mesa de diálogos de paz no es cualquier escenario. Nadie allí está por casualidad. Cada palabra que se dice tiene un peso inmenso. Todo lo que sabes está por salir para ponerse en función de la más alta de las aspiraciones, del más elevado de los valores que ni siquiera los más recalcitrantes se atreven refutar; aunque rechacen el modo, también ellos tienen que vestir de paz sus horrendas posiciones y prácticas.

- José,  yo sé que ahí en la Habana también va a estar José. (Se le salen las lágrimas)

Sin duda. Muchas gracias.

II

Es una odisea viajar en esos avioncitos chárter para quince personas. Se mueven como si tuvieran epilepsia, aunque extrañamente se sienten más seguros que esas naves gigantes en las que el movimiento parece tan ajeno, tan incontrolable.

- Ay, yo no traje nada para leer. ¿Qué estás leyendo tú?

- Tengo dos libros. Te puedo prestar uno. Este de portada blanca es Pa’ que se acabe la vaina de William Ospina. ¿Te acuerdas del vallenato? Creo que lo necesito en este momento. El tipo se faja un discurso maravilloso sobre la historia del país que sirve para entender muchas cosas de este viaje. Mira te leo esto: “Tarde o temprano lo que era guerra aprenderá a ser diálogo, lo que era violencia aprenderá a ser exigencia y reclamo, lo que era silencio podrá convertirse en relato”. Está muy bueno, ¿no? A mí me gusta Opina porque entiende la guerra, pero no se hace el pendejo con los crímenes de Estado que se excusan en la guerra pero que son otra cosa. También tengo este otro: “Los años de peregrinación de un chico sin color”. Es de un escritor que anda muy de moda, Murakami. A penas lo estoy empezando, pero es bastante entretenido. Te lo presto.

¡Ay carajo! Espero que no llegue a la parte en la que el tal chico sin color comienza a describir sus sueños eróticos con su compañero de estudios y con sus dos mejores amigas de la infancia, una de las cuales se ha suicidado. No sé que le parezca algo así a una mujer indígena Wayuu.

III 

Al fin bajarse del avión. Ahora sí comienza la cosa. ¿Cómo será el recibimiento? ¿Qué debieron sentir los guerrilleros del M-19 que se bajaron en la Habana después de la toma de la embajada de República Dominicana? 

La recepción es ya un momento de reconocimiento sorpresivo.

- José. Venga le pregunto una cosa. ¿Alguno de los que está acá es guerrillero?

Jummm… El de allá es Calarcá. Ese otro, no me acuerdo su nombre, pero es como el joven del grupo. La de allá es Tanja, la holandesa. Estamos rodeados mi querida amiga.

IV

- Anoche soñé con mi hijo.

- ¿En serio? ¿Y qué soñó?

Soñé como que me llamaban. Es que lo que pasó con mi hijo fue terrible porque primero me llamaron a mí, imagínese. Yo estaba en la casa un día, y un tipo viene y pregunta por mí. Y yo pasé al teléfono, y eso me dijo de todo, que mi hijo tenía no sé cuántas horas para salirse de ahí; para irse. Y claro, después cuando volvieron a llamar la que contestó fue mi hija, la abogada. Es que yo no me explico por qué si a mi hijo lo iban a matar me fueron a llamar a mí.

Venimos caminando para el salón rosado en el que se supone que vamos a coordinar todo para mañana, y esta señora ha decidido contarme cosas de su historia, de sus sueños. ¡Se me parece tanto a mi mamá! Es igualita, en esa mirada hacia arriba que parece que le agarrara a uno los hombros y lo centrara en su relato. Las tengo que reunir. Quisiera abrazarla ahora.

- Usted era profesora, ¿no? ¿Y sindicalista?

Yo fui profesora de ciencias sociales José. Así que yo siempre he tenido muy claro cuál es la historia de este país. Por eso cuando mi hijo me dijo que se iba para el ejército a mí me sorprendió. Pero eso era lo que a él le gustaba. Él era muy deportista, siempre hizo mucho deporte. Ayudaba a la gente. Yo le puedo mostrar las cartas en las que los indígenas le escriben agradeciéndole por el trabajo que hizo por las comunidades. Y pues yo cómo no lo iba a apoyar. Él sabía como era yo, y yo sabía cómo era él.

El hijo de esta señora, que tanto se parece a mi madre, fue soldado, y fue asesinado fuera de combate en Toribío, en el Cauca. ¡Me parece tan injusta su muerte! No recuerdo haber tenido antes esta sensación.

V

- En Colombia se ha encendido una polémica porque algunos consideran que aquí sólo deberían estar las víctimas de las FARC. La guerrilla ha dicho que la mayoría de las víctimas del conflicto, el 85% son víctimas del Estado. ¿Usted qué piensa de esas afirmaciones?

Puede ser, hasta esta noche, que la primera razón por la que esté sentado aquí no sea lo que tenga por decir sino, de cualquier modo, por lo que se supone que debo decir. Voy pensando qué responder y voy descubriendo sobre la marcha que, hasta esta noche, antes de que comience la audiencia histórica de las víctimas con las FARC y el gobierno, todavía es posible que se impongan las reglas que nos invitan a una batalla de legitimidades.

Nos han atacado de todas las maneras posibles, diciendo que unos u otros no debemos estar aquí, no porque les importe un comino los derechos o el sufrimiento de quienes han sido víctimas en el conflicto. Quienes nos atacan nos están invitando a que nos convirtamos en números que se pondrán como goles de la guerra. Sumas y restas, con impunidad, silenciamiento, deberían dar, según sus cálculos, un resultado favorable para ellos.

Por ahí no puede ser la cosa. Una negociación de paz no puede seguir las reglas de la guerra, y al carajo Clausewitz en este punto. Uno no se comparte las experiencias, y los sueños, y las lecturas, para terminar jugando ese juego. Aquí vinimos a luchar por la legitimidad de un país en el que tendremos que vivir todos. Nuestra experiencia es una  base necesaria para que ese país sea posible. Para que la experiencia del dolor, y de las luchas, sea el mejor argumento a favor de los cambios que hay que hacer.

- ¿Sabe qué, amigo periodista? La verdad es que hace unos minutos le hubiera podido contestar otra cosa. Porque conozco las cifras y tengo muy clara cuál es la responsabilidad del Estado; por eso hago parte del MOVICE. Pero no le voy a contestar lo que usted está esperando. Con lo que ha pasado en este viaje, antes de que empiece la audiencia de mañana, tengo ya suficiente como para tener la certeza de que a las víctimas no nos corresponde definir las cifras, y decir quién más y quién menos. Para eso van a crear una comisión de esclarecimiento histórico, ¿no? A nosotros lo que nos corresponde es reconocernos. Entender que tenemos una causa común, por la verdad, porque nadie más viva en Colombia lo que nosotros hemos tenido que vivir. Y la gente que quiere usarnos como goles en sus cuentas, ya verá usted cómo después de un rato termina descubierta en su bajeza moral. Y verá usted cómo las víctimas enviamos un mensaje contundente por la paz, en serio, después de este viaje.

La cuestión es que la sociedad entienda, con nosotros, que en este país tenemos que caber todos. Yo ya lo voy entendiendo, así que ya valió la pena que viniera.

 

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