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VERSIONES CAPITALES
TRAS LOS PASOS DE LA SÉPTIMA
ESCRITO E IMÁGENES POR
Miguel González
Ciudadano de Babel, vivo en los intersticios de la Cultura, el Lenguaje y el Poder. Protólogo en ciernes.

TRAS LOS PASOS DE LA SÉPTIMA

La peatonalización de la Carrera Séptima trajo bicicletas, más peatones, quejas, aparente inseguridad y un sinfín de debates y posiciones. Ha sido motivo de amores y odios, de desgastes políticos y comidilla de varios medios de comunicación. Seguimos los pasos a esta columna vertebral de Bogotá, para ver en qué van sus dolores de espalda.

Son las 7 am, una nueva semana comienza y no se vislumbra ningún bus ni automóvil sobre la Carrera Séptima. Es la mañana del lunes 27 de febrero de 2012, día en que comenzó la peatonalización de la principal arteria del centro de Bogotá. Esta medida, pensada para hacer frente a la inminente demolición del puente que atraviesa la Calle 26, fue concebida por los cinco meses que se necesitaban para terminar la obra, indispensable en la construcción de la Fase III de Transmilenio.

Sin embargo, la medida se prolongó y hoy, dos años después, entre las 8 am y las 6 pm la Carrera Séptima, entre las calles 12 y 24, le pertenece de forma exclusiva a peatones y ciclistas. Los automóviles y el transporte público fueron obligados a buscar las vías aledañas y solo regresan a la Séptima entre la hora pico de la noche y la de la mañana.

Pocas vías en Bogotá son tan reconocidas y emblemáticas como la Carrera Séptima. Rodeada de una arquitectura ecléctica que incluye desde casas coloniales hasta el edificio más alto de Colombia, esta vía es una de las principales arterias de la complicada movilidad capitalina. Pero más allá del día a día de los bogotanos, su importancia radica en ser un fiel testigo de la historia política nacional.

Para no ir muy atrás en el tiempo, basta con recordar que fue por esta vía que el furor y la rebelión popular del 9 de abril de 1948 salieron desde la Avenida Jiménez hacia los lugares más recónditos del país. Por ella han pasado mandatarios, clérigos, intelectuales y artistas, tanto locales como de talla mundial. Pero también lo hacen frecuentemente las reivindicaciones sociales del país, buscando ser escuchadas por los poderes asentados en la Plaza de Bolívar. Con su peatonalización quedó inscrita en ella la huella de Bogotá Humana, el primer gobierno proveniente de la insurgencia armada en ser elegido democráticamente para ocupar el segundo puesto más importante del país.

La calle es el espacio público por excelencia y por ello el debate entorno a una medida de alto impacto como esta no se hizo esperar. Durante los primeros meses, las voces que más se escucharon fueron las de los comerciantes agrupados en Fenalco, quienes alegaban improvisación por parte de la Alcaldía y denunciaban, encuesta en mano, una caída cercana al 40% en las ventas del 69% de los empresarios del sector.

El sondeo también mostró un aumento en la percepción de inseguridad entre los transeúntes; solo el 19% de los encuestados afirmaba sentirse seguro. En cuanto a la movilidad, objetivo principal de la peatonalización, el 57% no creía que esta hubiera mejorado debido a la falta de medidas complementarias para acceder y recorrer el centro de la ciudad.

Los resultados de la encuesta fueron ampliamente difundidos por los medios más influyentes de la capital -CityTv, El Tiempo-,  quienes como parte de su oposición abierta a la administración de Petro consolidaron una percepción negativa sobre la medida entre la opinión pública. Sin embargo, la realidad de la Séptima no parecía tan gris.

Por un lado, los alegatos de improvisación no son del todo ciertos. Aunque la peatonalización se implementó sin mayor preámbulo, dos meses después, cuando se supo que se extendería hasta la Calle 12 y por más tiempo del previsto, la administración distrital recibió la asesoría de la firma danesa GEHL Architects, reconocida a nivel mundial en temas de urbanismo. Su concepto concluyó que la medida tendría un impacto exitoso como el que han tenido disposiciones similares en ciudades como Copenhague, Nueva York, Sao Paulo y Ciudad de México, trayendo una mejor movilidad y calidad de vida para el peatón.

Por otro lado, los efectos positivos de la peatonalización no han tenido el mismo cubrimiento mediático del que han gozado sus adversarios. Curiosamente, el día que salieron los resultados de la encuesta de Fenalco, la Secretaria de Gobierno señaló que hasta el momento no se había denunciado ningún robo en la vía. Otro estudio del que poco se habló fue el de la Secretaría de Ambiente, que reveló una disminución significativa del ruido, registrando en promedio 10 decibeles menos en algunos puntos del tramo peatonalizado. También se registró un alivio considerable en la calidad del aire. No obstante, las mejoras para la ciudadanía fueron opacadas por las pérdidas de unos pocos comerciantes.

Inseguridad: miedo y realidad

Debido a la alta concurrencia de transeúntes, la Séptima es uno de los principales corredores comerciales de la ciudad.  En ella se encuentra una amplia oferta de almacenes y restaurantes, y es a la vez el sitio de trabajo de incontables vendedores ambulantes. Dentro de los comercios más reconocidos del sector se encuentra la pastelería La Florida, donde se sirve el tradicional chocolate santafereño acompañado de las más deliciosas colaciones colombianas y de refinados postres franceses.

Ubicado en el número 21-46, este negocio abrió sus puertas hace 77 años por parte de una familia catalana que llegó al país huyendo del régimen franquista. En el año de 1940 fue vendido a don Eduardo Martínez, padre de doña Elsa Martínez, actual gerente y copropietaria de la pastelería, quien nos recibió amablemente en el elegante Salón Continental, en el segundo piso del local, donde conversó con nosotros invitándonos a una taza de su infusión aromática favorita.

La Florida hace parte del patrimonio familiar de doña Elsa, razón por la cual ha seguido muy de cerca la peatonalización. Ella ha asumido un papel activo y ha participado en las asambleas de los comerciantes y en las reuniones organizadas por las autoridades distritales. Por ello conoce de primera mano su implementación y la reacción que tuvieron los empresarios del sector. Ella se declara defensora de la medida y señala que la organización de los comerciantes del sector en contra de esta “no fue muy inocente”, pues detrás de ella estaba “todo el grupo de Vargas Lleras que estaba moviendo la derogatoria del alcalde”, principalmente la figura de José Orlando Hernández Ramírez, edil de la localidad de Santa Fe por Cambio Radical.

Afirmar que detrás de la oposición a la medida existe una estrategia política no es descabellado. Petro no solo venció en las urnas a Peñalosa y a Gina Parody, también a Carlos Fernando Galán, una de las figuras más fuertes y visibles de Cambio Radical. Tanto él como Vargas Lleras, líder del partido y ahijado de su fallecido padre, han desarrollado sus carreras políticas en la arena capitalina, de modo que no se iban a quedar con los brazos cruzados frente a la derrota que les había propinado un guerrillero desmovilizado.

Como gerente, doña Elsa afirma que al igual que la mayoría de los comercios de la Séptima, La Florida tuvo una baja en sus ventas durante los primeros meses de la medida. La pastelería también debió cerrar más temprano para evitar que sus empleados fueran atracados mientras se dirigían a buscar su medio de transporte. No obstante, cuando se volvió a permitir el tránsito vehicular durante la noche el negocio recuperó su nivel de ventas y su horario habitual.

Sin embargo, el de administradora es un oficio que doña Elsa no desempeña sino desde hace cinco años, cuando dejó de lado su carrera académica para ocuparse del negocio familiar. Formada como doctora en Ciencia Política de la Universidad Nacional, se desempeñó por décadas como profesora de Teorías de lo Público en la ESAP. Su doble condición de comerciante y académica se hace evidente en su mirada crítica y en sus comentarios cargados de conceptos como el kitsch, concebido por Milan Kundera. Con este término ella designa a los indigentes, prostitutas y vendedores ambulantes que supuestamente llegaron a la Séptima producto de la peatonalización. “Yo llevo años caminando esto, y siempre estuvieron ahí”, afirma.

Para ella, más que una baja en las ventas o un aumento real de la inseguridad, el efecto de la peatonalización fue haber dejado al desnudo todo ese kitsch que produce la modernidad; hizo visible a la indigencia del habitante de la calle, a la informalidad del vendedor ambulante. “Es que pareciera que el transporte, el caos de los vehículos particulares etc., como que tapaba esa realidad. Cuando dejan de pasar los carros, entonces lo que obtiene uno en primer plano, es esos sujetos, que a veces no se si llamarlos ciudadanos, no porque yo no quiera que sean ciudadanos, sino porque la sociedad no los trata como sujetos de derecho”.

Así, el problema real de la peatonalización consiste para ella en que “cuando dejaron de pasar los carros pudimos contemplar en plena desnudez el centro de la ciudad”. La gente entonces se sintió insegura, no tanto por el peligro de ser atracada, sino porque se asustó al ver esta realidad “amenazante, desafiante […] eso no deja caminar”. Fue sobre este temor, sobre esta inseguridad existencial que los opositores de Petro construyeron su campaña contra la medida.

Doña Elsa no solo defiende la peatonalización sino que cree que las autoridades distritales estaban en mora de implementarla. Señala que Bogotá tenía, y aún sigue teniendo, un rezago frente a lo que han hecho otras capitales del mundo en materia de protección del patrimonio material de la ciudades como parte de su memoria histórica. Según ella, con la peatonalización se protegen dos cosas fundamentales: la parte histórica, concentrada en el centro de la ciudad, y el carácter de la Séptima como espacio ciudadano por excelencia.

Por la Carrera Séptima ha desfilado el dolor, la barbarie la guerra, lo que produjo y lo que produce la guerra. También ha desfilado la cultura, el teatro, todas las creaciones populares, pujando por hacerse visibles. Han desfilado todos los, llámemelos, públicos subalternos, o los públicos que invisibiliza la definición de lo público oficial o legítimo, todos aquellos que pujan por un reconocimiento de derechos.

En efecto, la carencia de estos espacios dedicados exclusivamente al peatón es un diagnóstico del modelo excluyente de ciudad que hemos venido construyendo –¿sufriendo?-, donde el automóvil tiene un lugar privilegiado sobre un sistema de transporte público caótico y sobre el peatón y el ciclista desprotegidos. Esto no solo es un síntoma más de nuestro ‘atraso’ frente a otros países. Es ante todo un indicador de qué tan democrática es nuestra polis, de las pocas garantías que existen a nuestro derecho de desplazarnos libremente, de encontrarnos con el otro para movilizarnos, de expresarnos fuera de la esfera privada, de disfrutar una ciudadanía plena.

Para doña Elsa los problemas que se han presentado con la peatonalización no se originan en la política en sí misma, sino que se deben a que “el alcalde Petro se quedó corto con su formulación”. Pero también subraya que el Alcalde ha tenido un problema de comunicación para poder consolidar su discurso en la opinión pública, pues “[es] claro que para que los medios le den acceso a la administración de Petro, y no para despedazarlo, es bastante difícil”. Incluso señala cómo el mismo Canal Capital se ha quedado denunciando, por ejemplo, cómo la política de las anteriores administraciones frente a la Séptima, que consistía en arrendar inmuebles para ubicar vendedores ambulantes, estaba quebrando al Distrito sin evitar la llegada de nuevos vendedores a las calles.

En este sentido, un punto fuerte de la peatonalización es que ha sido la ocasión para abordar la problemática de los vendedores ambulantes desde otro enfoque. Sin embargo, doña Elsa resalta que sin la ayuda de la Policía no se puede hacer mayor cosa, pues “el Alcalde no se puede salir [de su oficina] a que le respeten el espacio público […] hoy la Policía no hace nada por retirarlos, e incluso vienen es a comprarles cosas”.

Retratos sobre el asfalto

 

 

 

 

 

 

 

 

A unos cuantos pasos de allí se encuentra Alexander Moreno, uno de los dibujantes que desde hace décadas ofrecen su arte a los transeúntes. Él lo hace desde hace cuatro años, cuando llegó a la ciudad desplazado por la violencia de su natal Montería y encontró en la Plazoleta de las Nieves el espacio ideal para hacer sus retratos. Como él mismo afirma, este es un espacio patrimonial de la ciudad, como lo son el Jorge Eliécer Gaitán o la Pastelería Florida.

Actualmente, tras un acuerdo con la Alcaldía en el marco de la peatonalización, Alexander y sus colegas se ubican frente al edificio de la ETB, propiedad del Distrito. Allí retratan a los transeúntes sin tener problemas con la Policía, aunque reconoce que “en ocasiones tenemos conflictos con los cachivacheros que vienen a vender sus cacharros”, quienes invaden el espacio que les ha sido asignado gracias a “acuerdos informales con la Policía que tienen para vender después de cierta hora, sobre todo en las noches”.

En términos generales, Alexander apoya la peatonalización. Ve como algo positivo que los niños y los perros puedan andar tranquilamente por la vía, sin temor de los carros, y al haber menos contaminación y ruido puede desarrollar su actividad artística en mejores condiciones. Además, afirma que él y sus compañeros se han visto beneficiados con el aumento del número de peatones, pues “las personas no van a perder su pasaje para bajar a hacerse un retrato”.

Por el contrario, considera que la gente no valora la medida, que no se da cuenta que puede transitar tranquilamente por esta vía. “Llegan y dicen, no hay carros, pero no se dan cuenta de lo demás”. Al igual que doña Elsa, destaca que las grandes ciudades del mundo cuentan con calles peatonales, pero que además son lugares que acogen a los artistas.

Tras indicar que las opiniones en política son relativas al punto de vista y al tema que se mire, Alexander sostiene que la gente “presta mucha atención a lo que dicen los medios, y estos son cercanos a la contraparte de la alcaldía de Petro”. Según él, existe una ‘contraparte’ muy poderosa que se opone al Alcalde por su origen guerrillero, pues a las pocas familias que tienen el poder en el país no les gusta la izquierda. “[Petro] es un atrevido, porque se enfrenta al poder [...] el alcalde le ganó la alcaldía a Uribe”, recuerda.

La presencia de los dibujantes en la vía es una prueba de que la calle es el espacio público por excelencia, más aun tratándose de una vía patrimonial como la Séptima. Generalmente, estas actividades que escapan a una lógica meramente capitalista se ven excluidas de los centros comerciales, los cuales se han convertido en nuestros lugares de encuentro y diversión par défaut, pero que en realidad son un escenario alienado y dispuesto para el lucro privado.

A bordo de las críticas

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, la opinión positiva que tienen Elsa y Alexander sobre la peatonalización no la comparten todos los bogotanos. Otros sectores de la sociedad se oponen a ella por los efectos negativos que esta ha tenido en su vida cotidiana. Es el caso de Evangelino Cárdenas, un boyacense que llegó a la capital hace 22 años en búsqueda de oportunidades laborales y desde entonces es conductor de bus. Su ruta es la 583, que comienza en la Ciudadela el Recreo, al occidente de la Ciudad, y termina en la Carrera 4 con Calle 19, punto neurálgico del transporte público capitalino. Allí abordamos su bus, y tras golpear en el vidrio de la cabina y preguntarle si le podíamos hacer algunas preguntas sobre la Séptima, él nos invita amablemente a ingresar y sentarnos en el puesto del copiloto.

Luego de bajar el volumen del radio, le pedimos a Evangelino que nos diera su opinión sobre la peatonalización de la Avenida. Con un gesto de insatisfacción y señalando un trancón a la altura de la Carrera Décima con Calle 22 nos responde: “mire, eso está bien porque la gente tiene por donde desplazarse, lo que pasa es que están muy mal diseñadas las vías por donde están metiendo el tráfico. Como peatonalizaron eso se armó el trancón por todo el sector”.

En efecto, el impacto negativo sobre el tráfico vehicular es una de las principales críticas que hace la ciudadanía a la peatonalización. No son pocas las rutas de bus que antes pasaban por la Séptima para conectar el Centro con el resto de la ciudad, y que desde marzo de 2012 se desvían por sus estrechas calles o por las ya saturadas avenidas Décima y 19. Allí la congestión vehicular es recurrente a lo largo del día, pues además de los buses transitan los carros particulares y ahora el SITP.

Esto explica porqué el 57% de ciudadanos cree que la peatonalización de la Séptima no trajo consigo una mejora en la movilidad. Las quejas al respecto han sido difundidas por los medios de comunicación, y junto con las de algunos comerciantes han incentivado el rechazo general que parece existir a la medida.

No obstante, además de la congestión vehicular Evangelino afirma que la peatonalización tiene dos problemas fundamentales. El primero es un menor número de pasajeros, que para él significa una baja en las ventas, dado que la mayor parte de la demanda ha sido absorbida por otros medios de transporte que evitan los trancones, principalmente Transmilenio. El segundo es un aumento en la inseguridad: “acá tiene que andar uno a todas horas con las pilas puestas, pues se buscan cualquier manera para robarlo a uno o a los pasajeros, o si no pues se suben a vender, y en verdad es para robar a la gente, a los pasajeros”.

No obstante, según Evangelino la inseguridad no solo es en los buses sino también para los transeúntes de la Séptima, puesto que hay “demasiada gente vendiendo, por cualquier lugar que uno ande, es impresionante […] y sí, para qué, es bonito... pues según lo poquito que he venido […] sin embargo, la seguridad ahí es tenaz, mejor dicho allá tiene que andar uno con las pilas puestas [...] porque en el momento menos pensado lo van robando”.

Por todo lo anterior, Evangelino califica el mandato del alcalde Gustavo Petro como pésimo: “yo no he visto la primera cosa buena que él haya hecho, la verdad no la he visto, para mí es pésimo”, dice. Al respecto de la peatonalización, cree que la Alcaldía no pensó en todas las personas que iba a afectar y afirma que “el [alcalde] piensa en la gente grande, en la gente que tiene plata, de resto no piensa en nada más, eso es mentira que él piensa en todos, él hizo la medida y miren a ver quiénes salieron favorecidos”. Por ello considera que la medida debe ser retirada o por lo menos reestructurada, “sería lo ideal para agilizar un poco esto, para no taponar estas vías así”.

Decir que el alcalde “piensa en la gente grande” es una opinión desacertada y poco informada, pues si algo ha hecho Gustavo Petro a lo largo de su vida es oponerse y denunciar los excesos de poder de la ‘gente grande’, una lucha que le significó recientemente su destitución como alcalde y la pérdida de sus derechos políticos.

Sin embargo, la opinión que tiene Evangelino es comprensible si se tiene en cuenta que de esta ‘gente grande’ hacen parte los empresarios del transporte, quienes con sus grandes capitales han adquirido una influencia política suficiente en el Concejo para retrasar por décadas la modernización del transporte público, y así impedir que se les dañe el negocio. Por ende, la implementación del SITP -que es un proyecto de vieja data pero que suele ser percibido como una medida propia del alcalde- le ha valido a Petro la enemistad del gremio transportador.

Por lo demás, la opinión de don Evangelino corresponde a sus intereses particulares, pues su preocupación principal es la rentabilidad de su actividad económica; para él el peatón no es más que un potencial cliente y el andén un infinito paradero.

El descontento individual también se ha expresado de forma organizada. Un ejemplo es la iniciativa liderada por Sharon Ávila, administradora y representante del Centro Comercial de Artesanías, ubicado en la Séptima con 22. En una entrevista que le realizó el canal CityTv expresó: “Nosotros vemos como comerciantes que se nos está desestimulando la economía […] Hay algunos establecimientos del sector que nos ha tocado cerrar más temprano, vemos el típico cosquilleo, vemos gente en los andenes, vemos gente alcohólica, vemos gente recostada, vemos pobreza y miseria, eso está afectando los establecimientos de comercio […] Esta medida no es buena sin planificación”.

Sharon estuvo al frente de las movilizaciones que se han hecho para rechazar la medida, incluso antes de que comenzara. Ahora que la medida parece irreversible, ella y los comerciantes que representa piden alternativas: “así como estamos, pues que [Petro] arregle la Séptima, la puede embellecer, pero que no nos llene de vendedor ambulante”.

El descontento entre la mayoría de los comerciantes es innegable. De hecho, en un sondeo realizado antes de que iniciara la peatonalización un 98% de ellos expresó no estar de acuerdo y un 96% no creía que con la medida sus ventas fueran a aumentar. En este mismo sentido, el presidente de Fenalco expresó: “consideramos que la medida para nada beneficia el comercio, que por el contrario problemas como la invasión al espacio público y todo el tema de seguridad en la zona va a ser bastante perjudicial”.

Sin embargo, cabe preguntarse qué esfuerzos conjuntos habían adelantado hasta ese momento los comerciantes del sector para embellecerlo, para volverlo más seguro, más atractivo para los compradores de los centros comerciales, más responsable con su carácter patrimonial y con las problemáticas sociales que lo rodean.

Residente y peatón

Dejando de lado a los comerciantes, decidimos buscar un ciudadano del común que residiera en el sector para que nos diera su opinión. Sandra Marín trabaja en el restaurante Crepes Express, muy cerca a la Universidad de los Andes, y desde hace tres años vive con su familia en la calle 22 con carrera 9, aunque desde el 2000 vive en las proximidades de la Séptima. Por esta vía transita todos los días para ir a su lugar de trabajo, para recoger a sus niños en el jardín, o para realizar compras y almorzar los fines de semana.

Para Sandra, la peatonalización no es una buena medida, principalmente porque el tránsito desmejoró radicalmente y ahora debe desplazarse más para poder tomar el transporte público. “Antes era muy fácil conseguir transporte, ahora la Décima es de lo más congestionado que hay (...) Hoy en día los colectivos se desvían mucho y eso complica las cosas”, afirma.

Sin embargo, coincide con sus compañeras de cocina, quienes escuchan atentamente la entrevista, en que extrañan el Septimazo, que era muy divertido y que además había gente que podía obtener dinero allí. Sandra aclara que “ahora todos los días es así: hay cantantes, pintores, bailarines, marionetas de Michael Jackson (...) es algo chévere, le da aspecto chévere, uno se divierte en el trayecto y además hay más tranquilidad”.

Sandra opina que ha habido más gente afectada que beneficiada. Cuando comenzó la medida, los vecinos y los comerciantes propusieron andar solamente por el anden y no por la vía peatonalizada como una forma de mostrar su inconformidad. Sin embargo, este intento de acción concertada no tuvo mucho éxito. Al preguntarle quién se beneficia, Sandra responde: “Petro, nadie más. No mentiras, no sé. Él debería consultar antes de hacer las cosas, pero es cierto que era lo único que podía hacer”.

En cuanto a la seguridad, ella afirma que se ha vuelto más insegura, debido a que se produce una mayor aglomeración de personas: “ya me han robado dos veces el celular a plena luz del día. Los policías se la pasan ‘echándole los perros’ a las niñas”. No obstante reconoce que hay una mejor calidad del aire, pero que la vía hoy está más sucia: “tanta gente comiendo, hay mucho indigente durmiendo en todas partes”. Sandra reconoce que eran problemas que ya estaban antes pero que aumentaron debido a la cantidad de gente que ahora circula por la Séptima.

Sandra no quiere más calles peatonales y se queja de que antes había una ruta circular que era gratuita y que no sabe por qué la quitaron. Por eso, su principal queja es que no avisaron a la ciudadanía acerca de estos cambios tan importantes en el medio de transporte. Sobre lo que han dicho los medios de comunicación al respecto de la peatonalización, opina que están pendientes de los comerciantes, que están más en contra que a favor de Petro, pero que también a la mayoría de los residentes no les importa la medida y por eso tampoco les prestan atención.

Es evidente cómo la opinión de Sandra está altamente influida por la posición de los comerciantes, la cual ha gozado de una mayor difusión en la opinión pública. Sin embargo, el fallido intento de acción concertada podría ser explicado por la diferencia que existe entre residentes y comerciantes en su experiencia cotidiana de la Séptima, en la medida en que los primeros habitan la zona y desarrollan un mayor sentido de pertenencia. Así, las críticas de Sandra pueden ser leídas como las de cualquier vecino que desea ver su barrio aseado, seguro, libre de todo kitsch. Sin embargo, el sector de Las Nieves está en pleno centro de la ciudad y sus dinámicas son bastante diferentes a las de otros barrios.

Es por esto que Sandra termina resaltando los privilegios de estar rodeada de una gran oferta cultural y comercial, y de poder acceder a ella en corto tiempo y desplazándose a pie. Sin embargo, sobre el Alcalde dice compartir la opinión de su esposo: “él piensa que [Petro] tiene buenas ideas pero que no le han salido como él piensa (...) Tiene más gente en contra, los medios están en su contra”.

En efecto, es difícil tener una opinión positiva sobre la peatonalización; la influencia de los medios de comunicación en su rechazo es innegable. Sin embargo, la Alcaldía tampoco se ha encargado de promocionar sus beneficios ni de proveer los insumos para que la ciudadanía tenga una opinión positiva.

Por un lado, no existe una entidad, una persona, una cabeza visible que se encargue de todo lo referente a la peatonalización de la Séptima. Según pudimos establecer al preguntarle a los funcionarios de las diversas entidades distritales que encontramos en la vía, cada entidad se encarga de algo en específico: Movilidad, de controlar el tráfico y de atender al ciudadano; el IDRD, del préstamo de bicicletas; el IPES, de los vendedores ambulantes; el Museo Nacional, de las fotos y la señalización turística, y la Secretaría de Cultura, de los eventos artísticos y culturales.

Por otro lado, la Alcaldía no ha sabido aprovechar los medios de comunicación con los que cuenta, principalmente el Canal Capital, para promocionar la peatonalización. Pero es que frente a las constantes críticas de los medios y del establecimiento este canal, al igual que el destituido alcalde Gustavo Petro, tienen que pasar más tiempo defendiéndose de sus opositores políticos que haciendo su trabajo.

En cuanto a la inseguridad, la principal bandera de los contradictores, hay que recordar que este no es un tema nuevo ni exclusivo del centro de la ciudad. La peatonalización no puede ser juzgada a la luz de las problemáticas sociales que rondan por la zona, olvidada durante décadas. Al respecto, la opinión de doña Elsa resulta sensata al reconocer que la peatonalización no convirtió a la Séptima en un corredor inseguro, sino que el efecto de la medida fue dejar al descubierto la deuda pendiente que tenemos como ciudad de garantizar una ciudadanía plena para todos. Y es precisamente eso lo que incomoda, lo que genera temor, al ver que en las entrañas nuestra ciudad no es lo que aparenta ser en el Norte.

Por último, se alega falta de planeación e improvisación por parte de la Alcaldía, pero, ¿realmente se podía hacer algo distinto frente a la demolición del puente? Hay una visión de corto plazo de la política, la gente no da espera, quiere que desde el primer día las cosas funcionen a la perfección, o por lo menos ese es el argumento que se utiliza para criticar a Petro, pues la improvisación nunca ha estado ausente en la tradición política colombiana. Sin embargo, la falta de medidas complementarias, uno de los principales puntos débiles de la peatonalización, demuestra que hace falta pensarla y mostrársela a los bogotanos no como una medida provisional que terminó perpetuándose, sino como un gran cambio urbano en el espacio simbólico, político y dinámico que es la Séptima.


[1] Agradecimientos especiales a Johann Salgado por su contribución a este artículo.

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