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TRAS ESCENA
PRESIONA INTRO PARA FANZINEAR
ESCRITO POR
Luis Fernando Medina
Profesor asociado, Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia y activista de medios libres y alternativos.

PRESIONA INTRO PARA FANZINEAR

Desde el calitrópico, tercer planeta trasmitiendo para toda la galaxia: Sursystem
Sursystem es un proyecto que ha actualizado los fanzines de forma visceral y frenética. Aquí, tanto editores como lectores cortan, pegan, imprimen y coleccionan miradas juguetonas y mestizas, globalizadas y alterglobalizadas de una profunda fe en los medios independientes. Siga este recorrido crítico, atienda el llamado incendiario.

Hoy en día, a 20 años de haber editado mi primer fanzine, veo que la mayoría de fanzines que circulan son sosos y conservan poco espíritu salvaje. Gran porcentaje de estas publicaciones que circulan vienen edulcoloradas con ilustraciones y carecen de una propuesta innovadora. Es casi como tomarse un café descafeinado y deslactosado en un almacén de gran superficie: mucho espectáculo y poco contenido. KING Ob, fuego Vol 1

En un medio subrepticio pero prolífico se funden el fetiche por el papel y la voluptuosidad del deseo de expresión que invade territorios comunicativos anteriormente vedados. Palabras e imágenes configuran el escupitajo a una indistria jerárquica, que nos ha metido en la cabeza que solo pocos conquistan las páginas que otros leerán. Con herramientas tan básicas (tijeras, pegante, lapiz y papeles doblados y grapados), con redes de colaboración y distribución establecidas antes que el internet, los fanzines aparecen como esa poderosa fuerza donde las fronteras entre quienes publican y quienes editan se funden, y en donde la diversidad toma por asalto definitivo el imperio de la galaxia Gutemberg. Pero ¿qué son los fanzines? ¿Para dónde van? ¿Están en crisis por los medios electrónicos, o son amenazados por el denominado “fanzine mostro” (está bien, solo yo le digo así)? Torpemente y en clave por instantes ruidosa y colachera, como es debido en un fanzine, intentaré abordar estos aspectos mientras simultáneamente hablo sobre un proyecto al cual pertenezco, que ya lleva 10 años y que ha sido un punto de referencia en este tema: el magazín Sursystem. No es esta una reseña o recuento histórico objetivo, y tampoco está provisto de más nombres franceses que el texto de una exposición artística contemporánea cualquiera. Es un ejercicio de escritura visceral, ejecutado a varios tajos atropellados tras extesiones de plazo rosqueras; ante todo, subjetivo y fanático. Como en un fanzine, que llegará como sucede en el mundillo descrito: a última hora, para afán de los correctores y complacencia de los entendidos. Que ardan tímidamente los pixeles iletrados.

De los génesis fanzinerosos y otros demonios

La palabra fanzine viene directamente del vocablo inglés que contrae las palabras fan y magazine y debe ser entendida como una publicación hecha “por” fanáticos más que “para” fanáticos. Anque indudablemente estas poblaciones se solapan, es el “hacer” el que da vida y carácter al fanzine, como una publicación que cubre un tema específico (muchas veces desconocido en el ámbito comercial) y que es elaborada por un grupo de entusiastas, la mayoría de las veces con más ganas que experiencia. No obstante, aquí radica el encanto del fanzine: los cosumidores volviéndose productores de un pequeño medio; la diversidad de temas que escapan al acartonado panorama de los grandes medios; gráfica experimental y escritura fuera de moldes sin cabida en otro espacio donde el ánimo comercial y la censura son compañeros de aburrimiento; horizontalización de los procesos editoriales e incluso una rica cultura del trueque, donde el mecanismo de circulación favorito privilegia el conocimiento de otros proyectos sobre una mera transacción económica. Así, el mundo del fanzine ha vivido en efervescencia, subvirtiendo el panorama editorial e incluso –y contadictoriamente con un gustillo democratizador – generando pequeñas obsesiones, incluso la aparición de “coleccionistas”.

La saga del fanzine cuenta con una prehistoria de publicaciones no oficiales, no comerciales, que acompañaron el mundo del papel impreso o manuscrito casi desde su mismo inicio. Como el grafiti pompeyano o las efigies eróticas de pasados remotos, como la pornografía y el ruido, el fanzine es otro ejemplo de que las expresiones periféricas y la contradicción vienen encerradas dentro de todo medio. A pesar de esto, el fenómeno fanzineroso como tal es algo  propio del siglo XX, de la consolidación de conglomerados mediáticos y la explosión tecnológica. De discusiones nocturnas, desacuerdos y lecturas dispersas de la variopinta fauna fanzinera, pueden obtenerse dos momentos históricos en el devenir de la publicación aficionada: el primer hito donde se ubica el origen del fanzine viene del mundillo de la ciencia ficción norteamericana de los años 30 y 40, donde los autores de este género literario -siempre considerado “menor”- encontraban en las páginas autopublicadas la mejor manera de dar a conocer sus salvajes sueños futuristas e historias asombrosas vituperadas por el establecimiento. El segundo momento involucra una explosión cultural que vino de la mano de los pines y la música de tres acordes de mínimo virtuosismo: el punk de finales de los años 70, producto de la decepción del movimiento contracultural hippie, de la resistencia a la toma del ámbito del entretenimiento por el mundo corporativo, y de la desconfianza en unos medios cada vez más lejanos del ciudadano común y más cercanos a los grandes círculos de poder económico. Tal vez el medio fuera el mismo, pero ahora el fanzine abrazaba de manera más evidente preceptos filosóficos y de práctica política como el trabajo horizontal, la autogestión y la ahora famosa ética del “hágalo usted mismo” como respuesta a una adormecida sociedad de consumo. El prodigio tecnológico de la fotocopiadora, comercializado por la época, bien venía a servir a esta nueva ola de editores aficionados, de normas visuales inexistentes, caricaturas grotescas y foto montajes que parodiaban las figuras del establecimiento. De una reina con un gancho en la jeta hasta nombres que no dejaban lugar a la duda como “oliendo pegante” (sniffin' glue), el fanzine era transgresor en forma y contenidos y ahora era señal de acción directa contra el ecosistema de medios.

Desde las barricadas fazinerosas del calitrópico: Sursystem

El calitrópico, la calicomarca o la calicalentura, nombres contemporáneos y paridos desde las imaginaciones febriles de los habitantes de esta urbe colombiana que los medios se empeñan en llamar contradictoriamente “La sucursal del cielo” (cualquiera que la haya visitado conoce su naturaleza demoniaca) es el crisol de vértigos, risas y talentos indisciplinados que gestaron hace más de 10 años la estación comunicacional Sursystem: música, globalización y mestizaje. Producto de borondos cerveceros y canábicos acariciados por la brisa indómita de las noches del barrio San Antonio, donde la discusión apasionada superó -como en pocas ocasiones pasa- la habladera de mierda y configuró una acción concreta. Así, aprovechando la experiencia fanzinero-pasquinera que ya había dado productos -ahora legendarios para una minúscula población de treintones coleccionistas nostálgicos- como «La musa enferma», un grupo multidisciplinario con distintos bagajes (donde preponderaban el diseño, la comunicación y la sociología), y de decidido carácter univalluno, emprendió el proyecto. En su nombre convive el juego de palabras que reinvindica el sur y juguetea con un sistema hegemónicamente anglosajón. También en otra capa de sentido la referecia al Soundsystem jamaiquino es inmediata. La música, sobre todo el punk y el reggae que eran el elemento conductor principal de aquello denominado “música mestiza”, hinchaba los corazones, mentes y pies de una juventud recientemente conectada y que cobijaba una renovada esperanza bajo las letras combativas de artistas como Manu Chau. En el mismo sentido, la globalización, aquel término que empezaba a poblar las denuncias contradictorias de un mundo completamente corporativo y al servicio de marcas y poderes, fue el otro eje temático en la propuesta: había necesidad de otra globalización, entendida como un intercambio cultural horizontal, una hibridación, y no una imposición venida desde los rascacielos de Wall Street y sus ricos y fofos emperadores. Finalmente, quizá como síntesis secreta de la terna temática, el mestizaje  se configura como una respuesta cultural y social ante la avallasadora homogenización. Música, globalización y mestizaje como ejes temáticos; Sursystem como un vocablo mestizo, juguetón y profundo; todo un proyecto editorial independiente que hacía parte del renovado interés por el fanzine a la vuelta de siglo, producto de mentes inquietas estimuladas por los movimientos alterglobalización, la batalla de Seattle, la autogestión, los rebrotes de los postulados libertarios en los tiempos de la red, y la firme convicción de que la respuesta estaba en la generación de unos medios independientes. 2004 fue el año en que, en una fiesta mestiza en el barrio Granada de Cali, el nuevo vector mediático llegó a última hora en sendas cajas de cartón a su presentación en sociedad.

 

 

 

 

 

 

 


Desde entonces, el dispositivo ha sido sencillo pero poderoso: papel periódico con carátula a dos tintas e interior a una, trascendiendo la fotocopia pero aún celebrando la fuerte imaginación que va con la escasez de recursos. Crónica urbana desenfadada y gŕafica experimental configurando los contenidos de una manera orgánica e integrada (no por separado, como suele suceder), inspirada en el diseño caótico y seminal de David Carson. La gráfica invitaba a la lectura. Formato, tipografía, colores y número de páginas mutantes en cada edición como una declaración de principios ante la homogenización. Una publicación que aspiraba a ser seriada al denominarse magazín pero que refutaba los moldes necesarios para la periodicidad. Con gusto, la contradicción estaba servida. De manera paralela pero al otro lado del espectro de esfuerzos, el modus operandi no resultaba tan sencillo: las aletoriedades de los colectivos conformados por individualidades tirantes. La difícil coordinación de un número que a partir de la convocatoria abierta se llenaba con las idiosincracias e incumplimientos de los contribuyentes de varios países de Latinoamérica. El siempre escaso dinero destilado con sudor por medio de fiestas, bonos y demás malabares financieros que terminaban, como de costumbre, por erosionar los ya precarios bolsillos de los aventureros.

Pero a pesar de esto, nada ha sido en vano. Sursystem ha sido un proyecto pausado pero efectivo. Nuevos bríos, voluntades y giros lo llevaron a otros planos. Tras los primeros 3 años el proyecto alza vuelo y se produce en otros puntos geográficos, como si lo de globalización hubiese sido un presagio. En el 2007 produjo desde Bogotá un especial dedicado a bandas colombianas donde se incorporó un disco con 11 canciones publicadas con Creative Commons, algo novedoso para la época. En el 2008 publicó su primer número internacional sobre procesos de migración aprovechando la estadía del fundador y eterno miembro del colectivo, Marcelo Arroyave, en tierras catalanas. Un número dedicado a los imaginarios y realidades de la ciudad globalizada siguió incorporando incluso una contribución de un profesor universitario norteamericano y fue publicado tanto en castellano como en catalán. Las prensas volvieron a verse fatigadas en la ciudad originaria con una ayuda desde Alemania con el número dedicado al comic y la historieta (con la celebrada portada de un condorito abaleado cerca a Juanchito). El colectivo recientemente ha lanzado el número de «Reutilización y reciclaje» que por ahora solo está disponible en versión digital, a espera de toda una estrategia de publicación y con materiales reciclados que sea completamente coherente con la temática. De esta forma, Sursystem ha logrado permanecer durante una década, con algunos altibajos, en la memoria fanzinera colombiana, atrayendo desde varias generaciones de diseñadores gráficos, que lo tienen como un referente de la edición independiente nacional, hasta circuitos libertarios y de medios alternativos que quizá por primera vez vieron referenciadas de manera diferente las luchas zapatistas, el movimiento de los sin tierra y alguna banda de la polinización musical moderna. En Sursystem producto, proceso y acción han sido un impertivo ético.

 

 

 

 

 

El bazar de los pajazos mentales editoriales: corre por tu vida fanzine

En una generación de realities, de presentadores adolescentes recitando libretos de pastiche de wikipedia y de nimiedades personales vomitadas a todo el mundo por redes electrónicas, era imposible que el fanzine saliera incólume de una serie de trasformaciones que no siempre se antojan beneficiosas. Más allá de la predecible crítica old school de un consejo editorial de geriátrico, a quien escribe estas líneas le parece que el medio está sufriendo y es momento de irresponsablemente espetar algunas observaciones biliosas, no con el ánimo de criticar simplemente (aunque esta es una pasión fanática muy caleña y fanzinerosa) sino de procurar la recuperación de una diversidad editorial perdida en el panorama de publicaciones de este corte en el país.

En primer lugar, destaca la pérdida del talante notoriamente político del fanzine en favor de un lenguaje constituido casi exclusivamente de ilustraciones. El texto ha naufragado en mares de trazos a imágenes que si bien podrían acudir al gusto (siendo esto bastante subjetivo) fracasan estruendosamente en la necesidad de comunicar. Más que la ilustración per se (efectivo lenguaje si es bien utilizado), el problema radica en la homogenización del estilo, lo que yo denomino de manera jocosa pero también alarmada: la ilustración (el fanzine) ‘mostrico’ (juego de palabras entre  monstruo y mostrar). Si una película como «Amélie» echó a perder toda una generación de féminas, acusación similar puede hacerse del conveniente oximorón del “monstruo tierno”, hábilmente promovido por multinacionales como Disney para ponerse a tiempo con estos iŕonicos tiempos (y de paso echarle diente a una gran tajada de público). Una generación completa bombardeada por los productos de Tim Burton, paladín máximo del estilo, creció incorporando en sus actividades creativas el modelo de lo oscuro y humano a la vez, del “monstrico tierno” como declaración hipersimplificada de la contradictoria condición humana. Si bien esta afirmación obviamente abusa de la generalización en pro de un argumento, basta asistir a cualquier muestra o feria de fanzines para encontrar el bestiario que reina.



En segundo lugar, el texto también adolece de sus problemáticas. Que el lector no crea que esto es una arenga desesperada a favor del texto sobre la imagen como dispositivo comunicativo, sino un intento por recomendar la idoneidad de la articulación de ambos para llevar un mensaje más completo y rico en interpretaciones y miradas. Dentro de este propósito, el texto no solamente se enfrenta a un exilio progresivo de las páginas fanzineras (muchas veces al plantearle esta cuestión a ilustradores, responden con un encogimiento de hombros: “es que yo no sé escribir”, negando sistemáticamente la colaboración en una publicación) sino que las pocas veces que aparece se ve sometido a otra serie de rasgos homogenizantes. El tono que predomina es la primera persona y las temáticas generalmente giran alrededor de la anécdota intimista que falla en conectar con un discurso más universal. Los moldes de escritura son pálidas imitaciones del cánon de Bukowski y Hunter S. Thompson, ejecutados por aventureros de la palabra más interesados en reproducir el cliché del escritor borracho con una impostada afición al boxeo, que en cultivar un estilo propio a partir del trabajo constante y la disciplina. En la sociedad del espectáculo y la simulación es más importante parecer que ser.

En tercer lugar y de manera final, el fanzine se ve afectado por una problemática más amplia y que ha hecho carrera en los últimos años, producto quizá del proceso cíclico de mercantilización de conceptos por la maquinaria capitalista: la captura del término ‘independencia’. Si bien el término genera apasionadas discusiones bizantinas sobre su alcance, durante una época era sinónimo de un medio cuyo contenido iba en franco enfrentamiento a los medios hegemónicos. Indudablemente también asociado con mecanismos autogestionarios de financiación y de redes de intercambio como mecanismo de distribución. Sin embargo, hoy el término ha sido diluido en complacencia y aparece pálido en cuanto a posturas políticas, presentándose en un formato de publicación de colores pasteles, bello acabado y declaración abierta de “no nos interesa la política”, sin siquiera la linda vendedora fanzinerosa sonrojarse por la imposibilidad social que esto significa. Así, incluso algunas ferias se promocionan como “lo mejor de la edición independiente”, como si el salvajismo editorial pudiese ser domado con criterios de curadurías más cercanos a instituciones como museos o galerías (debe verse la contradicción con la palabra “independiente”) o centrándose en una visión incompleta del término ‘calidad’, basándose principalmente en el acabado, que si bien es importante no es contrincante para el contenido (indudablemente, calidad de contenido es otro dolor de cabeza). Para terminar intentando balbucear una metáfora estilo fanzine que continúe una imagen ya expuesta, como en discusión bizantina el fanzine actual en la mayoría de los casos es bello como querubín, pero le hacen falta cojones.

Otra vuelta de hoja

Para culminar este breve ejercicio de balance entre algo crítico y la reseña de un proyecto en el campo -y procurar torpemente inclinar la balanza un poquillo al otro lado de donde la hiel la llevó-, Sursystem ha sido un proyecto que con aciertos y desaciertos ha tenido como invariante un imperativo ético tal vez suicida, pero también provechoso en la generación de publicaciones diversas: mutar. Es también pertinente mencionar que es una publicación que no estuvo sola en su interpretación del medio, combinando la gráfica y el texto con una fuerte carga política, que aprovechaba la idiosincracia experimental del fanzine para no caer en el discurso panfletario y ladrilludo. Pueden citarse iniciativas como AK47 que luego desembocó en la revista Mefisto, gestionada por un grupo interdisciplinario y con un impacto en el arte callejero que aún se siente. También y desde otro ángulo más cercano a la estética punk, el colectivo Toxicómano Callejero produjo «El visajoso», «Malestar» y «Pandemonium» que con desenfado y bueno humor, tiraban línea directa sin tapujos. Eso sí, son proyectos que murieron jóvenes pero dejaron un cadaver exquisito. De otro lado no puede dejarse por fuera la saga de Excusa2 que según cuenta el pequeño mito surgió como una publicación que parodiaba el nombre de un periódico estudiantil de latino y librezco nombre que se distribuía en la mal llamada Feria Internacional de Libro de Bogotá. Con estos, Sursystem compartió risas y conspiraciones desde ferias en centros culturales autogestionados, hasta intervenidos y cuadriculados cubículos en Corferias donde la vaca de papitas, las cervezas y el soundsystem mestizo acompañaban las ventas. De espíritu similar pero más actual, un lugar especial merece el Ficciorama, proyecto juicioso y periódico del caballero del fanzine bogotano, Boris Greiff, quien no solamente teoriza al respecto del tema sino que lleva más de dos años produciendo sendos cuadernillos fotocopiados mes a mes que, en clave de ciencia ficción y parodia ilustrada, establecen sendos análisis de medios para el público que se tope con su distribución gratuita. También tenemos a Etcétera, proyecto que combina una calidad de factura aun haciendo uso de la fotocopiadora, con la de los contenidos al incluir ilustraciones y pequeños escritos que giran alrededor de una temática específica. No podría despedir este ejercicio textual digno de un farragoso fanzine dejando de lado el lanzamiento de «Fuego», ejercicio de collage y recopilación de textos subterráneos, editado y lanzado recientemente por una librería capitalina y de donde es extraído el incendiario primer epígrafe[1].

No hay fanzine sin coda

Hoy en día el proyecto Sursystem continúa y tras 10 años de actividades y el reciente lanzamiento en versión digital de su último número de «Reutilización y reciclaje», planea un nuevo ciclo de mutación. Para ello ya se está gestando el golpe en su natal Cali para producir mediante un taller ejemplares únicos, intervenidos y elaborados por los mismos asistentes. Simultáneamente, y volviendo sobre sus raíces de música mestiza, Marcelo Arroyave, miembro fundador del colectivo y autodenominado integrante eterno, acompañó una gira de la Gypsy Kumbia Orchestra por Colombia, esperando documentar toda la experiencia.

Proyectos, ilustraciones articuladas con textos, ante todo comunicación. Que no se infiera o malinterprete que Sursystem sea el modelo a seguir. O que simplemente todo esto sea la trampa falaz de decir que lo anterior fue mejor. Si bien el producto editorial puede tener detractores y seguidores -algo por demás normal- es el proceso el que debe prevalecer. Un proceso abierto, participativo, que incomode los discursos hegemónicos y  sobre todo que comunique. Por ello, si acude esa pulsión de expresarse en papel, hágalo inmediatamente. Si no sabe escribir o ilustrar asóciese con quien complemente. Haga ruido y siempre migre de estéticas y de zonas de confort. Si descubrió la fórmula abandónela y trate algo nuevo. No se tome muy en serio y, ante todo, cuestione. En un mundo tan vuelto mierda y con tal concentración mediática en los círculos de poder de siempre, es casi un deber abandonar los bellos pero estériles escapismos estéticos y coger el toro por los cuernos. Haga gráficas donde el presidente de turno sea vampiro y escriba textos donde se putee al banquero. Refute este texto en su totalidad si ello es necesario para parir una pieza única. Abandone los monstruos que son tan rimbombantes pero inocuos como una selfie. El fanzine no es para compartir unicornios sino para incendiar. ¡Que vuelvan a arder las prensas!

referencias fanzinerosas

Fanzines. The DIY revolution. Teal Triggs, Chronicle Books, Reino Unido, 2010.
 
Grapas, un documental sobre fanzines. Fran Camarena y Mon Magán, España 2012.
 
Notes from Underground: zines and the politics of Alternative Culture. Stephen Ducombe, Microcosm Publishing, EUA, 2008 (segunda edición).
 
Proceso editorial en red con contenidos libres: la experiencia Sursystem. Luis Fernando Medina C, charla  "Procesos editoriales en red con contenidos abiertos", Miércoles Virtual, Teatrino Jorge Eliecer Gaitan, Colombia, 2007.
http://altadensidad.blogspot.com/2007/09/proceso-editorial-en-red-con-contenidos.html
 

Técnicas para editar fanzines autogestionados. Ponencia presentada en la ciudad de Bucaramanga (Colombia), en el foro "Frente a la globalización de la desinformación, medios de comunicación alternativos". Marcelo Arrovave, Colombia, 2004.
http://www.prensarural.org/arroyave20050524.htm

notas


[1] King ob, editorial del fanzine “Fuego Vol 1”. Bogotá, La Valija de Fuego, 2014.

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