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EPISTOLARIO
REFRACCIONES EN TURQUÍA
ESCRITO POR
Maria Paula Gutiérrez
Me interesa el tema del exilio desde la forma como ha sido abordado en el cine, la literatura y la música.
ESCRITO E IMÁGENES POR
Marlén Maya
Disfruto la vida en familia, estar cerca del mar acompañada de un buen libro.

REFRACCIONES EN TURQUÍA

Epistolario es una red de correspondencia. Queremos invitar a quienes hallen en la escritura una forma de entender lo que los impacta y las reflexiones que suscita el vivir en un determinado lugar. Nuestro objetivo es crear un espacio polifónico que nos permita acceder a las ciudades más como vivencia que como idea.

20 de septiembre de 2013

Querida hija,

Espero que todo marche bien.

Hoy finalizamos el crucero por las islas griegas y continuamos nuestro viaje por Turquía. El crucero fue un sueño hecho realidad, tanto que no podría decir cuál isla visitada me gustó más.

De Turquía te cuento que es un país de gran belleza con una historia apasionante, bañado por el mar del Norte y el mar de Mármara al norte, el Egeo al oeste y el Mediterráneo al sur.  Estar en Turquía es pasearse por la historia del mundo y, como esa es una de las cosas que más me apasiona, este país sí que lo he disfrutado.

Un día en Estambul

El domingo visitamos la parte antigua de Estambul, el lado europeo, donde están concentrados los monumentos otomanos y bizantinos. Comenzamos nuestro recorrido por dos monumentos íconos de esta ciudad, muy cercanos el uno del otro. Primero visitamos la imponente Mezquita Azul, única en el mundo con seis minaretes en forma de lápiz y coronados con una afilada aguja. Esta mezquita debe su nombre al deslumbrante mar de mosaicos azules que adornan sus paredes. Fue construida en frente de Santa Sofía por orden del sultán Ahmed I para opacar la construcción cristiana. Después caminamos a Santa Sofía -Aya Sofya en turco y Sabiduría Sagrada en griego-. Este templo es una de las obras arquitectónicas más importantes de la historia, con cuatro minaretes, cada uno con un balcón y una aguja gris plateada. Primero fue iglesia, luego mezquita y por último museo. Me impactó la impresionante magnitud de sus proporciones y su abrumadora inmensidad, que se acentúa con su enorme cúpula dorada de más de 45 metros de altura y una arcada circular con cuarenta ventanas. El emperador Justiniano la mandó a construir con una gran puerta imperial que en su época estaba reservada solo para él. Este museo muestra la iconografía de cuando era una basílica y de la interpretación caligráfica cuando era una mezquita. Si te soy sincera, me decepcionó Santa Sofía, pues está bastante descuidada y una gran parte de ella se encuentra en mantenimiento, razón por la cual no pudimos apreciarla en su dimensión.

Después de estas dos visitas, seguimos al Palacio de Topkapi, residencia de los sultanes y sede del gobierno en la época otomana. En este lugar, el sultán tenía su harén y su colección de joyas y tesoros. Finalizamos la mañana con la visita a la Cisterna Basílica o Palacio Sumergido, el cual era el depósito de agua más grande del imperio bizantino. Hermosa, mágica e imperdible. Antes de entrar no puedes imaginar el espectáculo que verás dentro. Sumergirse en este lugar es entrar en un bosque iluminado con la cara de Medusa en dos posiciones y sus perfectas 336 columnas de más de 5 metros de altura. Para mí, fue la obra más majestuosa de Estambul y sirve al turista para escapar del caos de la gran ciudad. Verdaderamente, me impactó su belleza.

Terminamos nuestro día en el Bazar de las Especies, que es más pequeño y organizado que el Gran Bazar, cerca al puerto y a la Mezquita Nueva. Este bazar es un estímulo para los sentidos por sus colores, olores y sabores; un lugar donde el regateo para conseguir el mejor precio es la constante. Hay que vivirlo, pasearlo y mezclarse entre la gente porque todo aquí es hermoso. ¡No te lo puedes perder!

Como puedes ver, fue un día muy bien aprovechado y pesado. A pesar del cansancio, de la gran cantidad de turistas que hay en esta ciudad -es la sexta ciudad más visitada en el mundo - y del tráfico caótico que en momentos te hace sentir que la ciudad te atropella, Estambul es definitivamente una ciudad difícil de olvidar por sus contrastes y fascinante combinación de culturas, estilos, colores, sabores e historia. Es mágica. Por algo fue la antigua capital de tres imperios sucesivos: el romano, el bizantino y el otomano.

Cuando la caminas, comienzas a descubrir sus tesoros: las siluetas de los minaretes de las grandes mezquitas que están por todos lados con sus altavoces llamando a la oración cinco veces al día y su patio de abluciones, los impetuosos palacios. Otro gran tesoro muy recurrente en Estambul son los miradores como Pierre Loti, en la cima del barrio de Eyup, un café-mirador sobre el cuerno de oro; o la Torre Gálata, preciosa y desafiante con una altura de 67 metros situada en una colina donde se aprecia el lado europeo y asiático de Estambul.

Estambul, un paraíso de las delicias turcas o lokum -gomas aromatizadas con agua de rosas o limón con trocitos de pistacho, avellanas o nueces-, de las baklavas -pasteles de hojaldre con frutos secos y sumergidos en miel-, de los kebabs, del manti -una pasta con salsa de yogurt- y del simit o pan turco.  En fin, una ciudad con tantos lugares hermosos para conocer y visitar que pretender hacerlo en tres días puede llegar a ser extenuante. Debes estar mínimo ocho días para gozarla y saborearla.

Entre globos: Cappadocia

Nuestra segunda parada en Turquía fue la fascinante región de paisajes lunares y de arquitectura rocosa de cuentos de hadas, formada durante siglos sobre la gruesa y blanda capa de lava esculpida por la erupción de dos volcanes hace miles de años, Erciyes y Hasan, y por la erosión. Cappadocia, la región del Valle de Goreme, donde se encuentra un complejo monástico bizantino y el mayor museo al aire libre, integrado por monasterios y capillas excavadas en las rocas y decoradas con bellísimos frescos; y del Valle de Avcilar, donde se encuentra la ciudad subterránea de Özkonak, construida por las comunidades cristianas para protegerse de los ataques árabes.

Nuestro día comenzó muy temprano para hacer el paseo en globo. Fue simplemente maravilloso, indescriptible. El vuelo duró una hora y casi ni sentí el movimiento al subir el globo, se siente más suave que cuando se está en un ascensor. El paisaje desde arriba es tan alucinante que te llena el alma. Es una experiencia que recordaré toda la vida, de hecho me volvería a subir mil veces. Distinto a todo lo que has visto antes, desde el globo comienzas a ver el amanecer y, poco a poco, el paisaje lunar de Cappadocia con sus casas, capillas y monasterios excavados en la roca se hace presente. Las rocas parecen castillos medievales con sus chimeneas de hadas que se elevan en el cielo y al fondo dejan ver formaciones naturales, extrañas, una imagen de esta bella región. Cappadocia, un lugar de ensueño, mágico, único en el mundo con ese paisaje que te atrapa. Aquí la realidad supera la ficción.

Pamukkale o Castillo de Algodón

Nuestra tercera parada: Pamukkale o Castillo de Algodón. Reúne la naturaleza y la historia con los restos de la ciudad antigua de Hierápolis. Una maravilla natural de gigantescas cascadas petrificadas de calcio blanco y otros minerales, estalactitas y piscinas naturales formadas a lo largo de los siglos por el paso de las aguas de sales calcáreas procedentes de fuentes termales. Pamukkale, un lugar donde la gente viene en busca de remedio para sus enfermedades usando sus aguas medicinales.

Maria Paulita, en este viaje te he tenido muy presente, sobre todo porque se acerca tu cumpleaños. Desde ya, te mando los mejores deseos desde este país que tanto te apasiona. Te pienso en cada rincón que he recorrido y anhelo que pronto puedas embarcarte en un viaje por Turquía.

Te quiero mucho y te extrañamos, un saludo para todos.

24 de septiembre de 2013

Hoy, 24 de septiembre, me levanté a tu lado. Estambul nos despide con su cielo despejado. Atrás por Pierre Loti se está ocultando el sol. En una banca en la orilla del Bósforo vemos pasar a la gente muy apurada yendo a sus hogares, como si se tratara de un toque de queda. Un hombre hace una pausa: se sienta en una banca contigua a la nuestra, y con avidez devora el kebab que tiene en su mano; su bigote muy negro y muy bien peinado, ahora untado de salsa de yogurt y boronas, queda listo para ir directo a la barbería. Una mujer de caminar lento ajusta su velo, otra pasa apresuradamente con unas bolsas de compras y una niña que apenas le logra alcanzar el paso. Los niños se reúnen después de la escuela, algunos recogen piedras para jugar a ‘hacer sapito’, otros escarban la tierra en busca de lombrices para improvisar una pesca .

Las pequeñas embarcaciones regresan con su motín de manjares del mar, mientras los pequeños pescadores comienzan a llegar a la orilla con su mejor carnada y sus cañas que les permitirán atrapar los mejores peces. Si es buena, en la noche conmemorarán la pesca con una cálida cena en familia. Como lo han dicho algunos poetas estambulíes, la pesca es un trabajo de paciencia que se traduce en una generosa recompensa, hasta los gatos lo saben. La espera la amenizan con un té caliente y un terrón de azúcar. Un gato jaspeado espera al pie de su dueño muy quietecito a que los primeros peces piquen la carnada y él pueda tener su primer bocado de la tarde.



 

 

 

 

 

 

Son las seis, el sol se sigue poniendo y va dejando a su paso una estela de colores que va del naranja al morado pasando por el rojo. El Bósforo se va tiñendo del color del atardecer. Pronto subirá la marea y el agua reflejará los visos plateados de la luna llena. Junto con la puesta del sol, la ciudad se va tranquilizando, solo se escucha al fondo el último llamado a la oración, seguido del chillido de las golondrinas que, como si atendieran al llamado, dan su último vuelo antes de volver a sus nidos.

Con la puesta del sol y la entrada de la noche, caminamos de espaldas al Bósforo en señal de despedida. En realidad, eres tú la que te despides, yo simplemente he estado acompañándote desde lejos, esperando tu llegada cargada del espíritu y la fuerza que, según Pamuk, tiene el Bósforo («Estambul»).

Abro mis ojos y te veo llegar con las historias del país y, sobre todo, de la ciudad que me despierta tanta curiosidad. Los sonidos de Estambul llegaron primero en forma de relatos de viaje que hablaban de lo ruidosa y apabullante que podía ser la ciudad, pero al mismo tiempo de lo bella y sobrecogedora que era. Luego los sonidos tomaron una forma hipnótica. Se volvieron música que provenía de los chinchines, la darbuka turquesa y las monedas del cinturón que me trajeron para seguir bailando. Algunos olores, sabores y colores vinieron por cuenta de las especias: el sumac vino tinto y su ligero sabor a limón, la cúrcuma de amarillo quemado e intenso, el naranja del azafrán y el rojo picoso del ají turco; otros olores y sabores llegaron con la primera preparación del aromático té de manzana y granadina. Por último, la textura se hizo presente con la suavidad de la seda de las coloridas y geométricas pashminas.

















Cada uno de tus detalles es un trozo diferente y significativo que compone el corazón de Estambul. Con esto puedo seguir imaginando, creando más expectativa o finalmente atender al llamado que me sigue haciendo ese rincón del mundo.

Para ti Ma con mucho amor, el Estambul que habita en mí.

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