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ARTíCULO INVITADO 2
VIDEO DANZA, UN NUEVO DIALECTO MULTIMEDIA
ESCRITO POR
Laisvie Andrea Ochoa Gaevska
Psicóloga y artista escénica. Realizadora de video danzas. Codirectora de ConCuerpos

VIDEO DANZA, UN NUEVO DIALECTO MULTIMEDIA

La historia de los video danza es una constante reflexión sobre nuevas aproximaciones coreográficas y audiovisuales, trazada por la convergencia fronteriza entre el movimiento físico y el movimiento visual. Ambos se contienen el uno al otro dentro de nuevos espacios: la arquitectura de la cámara y el juicio subjetivo del espectador.

La danza contemporánea nace desde un espíritu libertario que busca desatar el cuerpo de la gran codificación propia del ballet. Fue y sigue siendo una exploración corporal y estética que encuentra relaciones más directas con el contexto en el que se desarrolla. Por esto, no es sorprendente que una vez aparece el video en la escena artística en los años 60, este encuentre rápidamente su relación con la danza, abriendo una variedad interesante de posibilidades de interacción entre estos dos medios.

Un ejemplo a destacar es el trabajo del bailarín y coreógrafo Merce Cunningham, quien realizó en 1973 una colaboración con Nam June Paik  (considerado junto a Wolf Vostell el precursor del videoarte) y el músico John Cage, que dio como resultado “una de las piezas fundamentales del videoarte: Global Groove, en donde se traía el concepto de la aldea global, creado por Marshall McLuhan, transformado en una crítica hacia la saturada comunicación global instaurada por los abusos de los mass media.” (Fonseca, 2010). En este video la danza es otro de los elementos visuales de una composición saturada de collage.

Durante toda la década del 70 Merce Cunningham continúa este tipo de exploraciones, realizando otros trabajos con Nam June Paik y desarrollando una relación artística de más de 10 años con el videoartista Charles Atlas, quien realizó 10 video danzas con la compañía de Cunningham y posteriormente siguió desarrollando este campo con otros artistas. El trabajo de Atlas como realizador en residencia con la compañía de Cunningham tiene un alto grado de documental, teniendo el foco más en el registro que en la posibilidad de su transformación audiovisual.

En la década de los 80 el proceso de edición cobró gran relevancia y trajo consigo un reordenamiento del naciente código del video danza. “En esta misma década encontramos artistas como Jean Louis Le Tacon, Jean-Claude Gallotta, Rafael Montánez Ortiz, Daniel Larrieu o artistas como Robert Cahen que transita también por el video arte y que tiene un exhaustivo trabajo de montaje, en el cual los cuerpos en movimiento que ha capturado son despojados de toda representación y realidad estableciendo nada más que huellas, difuminando y haciendo que los cuerpos pierdan toda su materia, para que solo exista una coreografía del video”. (Muñoz, 2006).

Son de gran relevancia también los trabajos del coreógrafo francés Philippe Decouflé, quien realiza destacadas investigaciones sobre las reglas de la óptica, jugando con geometrías y cambios de perspectiva en videos como Codex (1986), Shazam y Abracadabra (1998).

Shazam:

Abracadabra: 

A partir de los años 90, con la popularización de técnicas como la animación digital y el stop motion, se realizan video danzas que, además de jugar con el registro del cuerpo en movimiento, incluyen juegos con objetos y figuras animadas. Actualmente existe una variedad muy amplia de video danzas, están aquellos conceptuales y abstractos en donde el uso del video potencia las composiciones poéticas, pero también aquellos que se valen de una narrativa más tradicional para desarrollar una historia.

Un ejemplo es el video de Sue Healey:

Lo cierto es que la particularidad del video danza es que demanda tanto pensamiento coreográfico como audiovisual, y por lo tanto consideraría injusto catalogarlo como un subgénero de alguno de los dos. De hecho, como vimos en el rápido recorrido histórico, el video danza, desde sus orígenes, es bilingüe, requiere de un trabajo interdisciplinar, y por lo tanto es posible entenderlo más que como un nuevo lenguaje, como un dialecto de un territorio fronterizo, que roba tanto términos de lo audiovisual como del estudio del cuerpo en movimiento.

El video danza entonces se ha tenido que abrir su propio espacio y campo, lo cual se refleja, por ejemplo, en los siempre nacientes festivales de video danza alrededor del mundo, que ya suman hoy más de 42. Es decir que a pesar de tener una corta historia, este género se ha expandido por el mundo rápidamente, ofreciendo una variedad de contenidos enorme y desarrollándose al ritmo vertiginoso propio de los nuevos medios. 

Video Danza, Identidad Transgenerista

Vale la pena resaltar que, a pesar de su rápida apropiación, aún no hay un consenso sobre su identidad; como lo dice la artista colombiana Jenny Fonseca “Video danza parece tener problemas de género. ¿El video danza? ¿La video danza? ¿Femenino o masculino? […] (El, la) videodanza es entonces un ser transgénero. Está transitando entre lo masculino y lo femenino y de esa misma manera se resiste a dejarse asignar una etiqueta, unos límites, unas características ya sean formales o de contenido, una definición.” (Fonseca, 2010). En inglés su falta de identidad es aún más acentuada, en tanto que se nombra de diversas maneras: screen dance, dance on camera, dance for camera, dance film, media dance y dance cinema, entro otros.

Lo interesante de esta discusión, que podría verse como un simple problema nominal, es que devela el surgimiento de una relación no jerárquica entre los dos códigos involucrados. “Desde esta óptica parece erróneo discutir si es o no el video-danza o danza-video una línea de trabajo audiovisual o coreográfica, ya que este no es un objeto disciplinar, sino mas bien todo lo contrario, no hay imposiciones de una parte o de otra.” (Muñoz, 2006)

Para este texto he escogido su versión masculina, el video danza, no con el ánimo de desconocer su naturaleza híbrida y transgenerista, sino atendiendo al hecho de que el soporte final es el video. En este sentido, es interesante analizar  la pertinencia del código audiovisual, o más específicamente, el lenguaje del cine si tenemos en cuenta que el video es uno de sus hijos. Es decir, un video danza requiere de un pensamiento en torno a planos, secuencias, movimientos de cámara, reglas de edición, etc. También, su proceso de creación, de una manera menos estricta tal vez, sigue los pasos de la realización de cine, es un ejercicio colectivo en donde se especifican roles de dirección, producción, guión, fotografía, arte, sonido, edición, etc. 

Sin embargo, no se puede desconocer el código propio de la danza, en tanto que el cuerpo es el medio expresivo del que estamos tratando; así que también implica pensar en ritmo coreográfico, repetición de movimiento, cualidad de movimiento, intensidad, sincronía, oposición, etc. Así, siguiendo los planteamientos de McLuhan, se abre la pregunta sobre cuál es el medio del video danza, ¿es el cuerpo en movimiento el medio expresivo? o ¿en el video danza el cuerpo en movimiento se convierte en su contenido?, ¿qué retos a nivel coreográfico supone realizar un producto audiovisual?, ¿qué retos audiovisuales supone trabajar con danza?, ¿en qué sentido es el video danza un producto multimedia?

Un medio dentro de otro medio

Empecemos por la primera pregunta, reformulándola: ¿qué pasa cuando el medio se convierte en el contenido de otro medio? El video danza plantea una situación muy interesante en donde sucede una doble transformación sobre el cuerpo: la primera es la decisión coreográfica de la delimitación y dirección de su movimiento, en donde el cuerpo deja de ser únicamente un espacio subjetivo para convertirse en un medio expresivo, bien sea de una narrativa de tipo más convencional o de motivos poéticos o abstractos. Pero en el momento que ésta coreografía es grabada y posteriormente editada, se evidencia que estas nuevas decisiones artísticas, de tipo cinematográfico, traen nuevos significados y es entonces cuando el cuerpo en movimiento queda ubicado como contenido del medio audiovisual. Es decir que en un video danza el contenido está utilizando dos medios expresivos al mismo tiempo, y se puede deducir entonces, que es necesario trabajar con el mismo nivel de sofisticación los códigos de la danza como los códigos audiovisuales.

Ahora bien, en cuanto al espacio también hay una bifurcación muy interesante. Una de las bondades de este género para la danza es que le posibilita salir de la caja negra convencional y apropiarse de espacios antes vetados. En este sentido, se encuentran infinidad de obras en playas, montañas, desiertos, ciudades, etc. De hecho una de las aclaraciones más subrayadas que especifican los festivales de video danza, es que el simple registro en video de una obra de danza en un teatro, no es un video danza. Es decir, el mismo código, sirviendo como filtro, delimita y excluye el espacio convencional, usado de manera convencional.

Pero al mismo tiempo, al mediar la danza por la cámara y la edición, su espacio se torna bidimensional -el de la pantalla- y empieza a jugar con nuevas lógicas. Elena García cita a Rosember muy pertinentemente sobre este tema:

"Un modo de pensar a la danza para la pantalla es tomar a la cámara como su espacio, así como nos referimos al teatro como el lugar para la ejecución de una danza. Es allí donde ocurre la obra; ella es la arquitectura contra la cual y a través de la cual el público percibe la obra. La especificidad espacial es la forma en que contextualizamos una obra de arte, el espacio provee el contexto. La danza para la pantalla es inherentemente una experiencia mediada. La cámara y el método de registro registran la danza tal como ocurre; sin embargo, la representación de esa danza está filtrada por las estrategias de composición y estéticas del operador de la cámara, y luego por el proceso de edición”. (García, 2002)

En ambos sentidos, las posibilidades de tratamiento del espacio se potencian enormemente en comparación con la caja negra del teatro; por un lado, es posible habitar y llenar de movimiento espacios cotidianos, naturales o producidos y, por el otro, con la cámara se puede captar desde múltiples puntos de vista, desenfocarlo, agrandarlo, hacerlo minúsculo, etc. En este punto vale la pena mencionar que un gran número de video danzas aprovechan el zoom del lente para descubrir al cuerpo como territorio posible de ser fragmentado, aumentado o, en general, transformado gracias a las múltiples posibilidades de verlo.

Este es un video danza de mi autoría que trata sobre el cuerpo como espacio: 

Sucede lo mismo con el tiempo, que en el video danza demanda decisiones tanto en el diseño del movimiento, como en el diseño de la edición, repitiendo la doble mediación y significación de la que ya hemos hablado. En este sentido existen también infinidad de juegos que abre el video danza que resultan imposibles para la danza de teatro, como acciones narradas en reversa, repeticiones imposibles, saltos infinitos, etc.

Me gustaría también mencionar lo referente a la mirada, al potencial que introduce el hecho de que el ojo del espectador ya no sea estático sino que entre a jugar con el movimiento, a transformar su punto de vista. Muchos de los video danzas más interesantes han trabajado con un guión de movimiento de la cámara tan detallado como el guión de movimiento del cuerpo filmado, y es entonces cuando el lente también hace parte de la coreografía. Es decir que el trabajo coreográfico sucede tanto a nivel físico como visual. Al respecto Rodrigo Alonso escribe: “Un cuerpo que exige ser tratado de otra forma, porque el coreógrafo ya no debe diseñar sólo su movimiento: también debe diseñar la mirada que lo recorrerá” (Alonso, 1995)

En este sentido McLuhan tal vez hubiese dicho que el video danza es un medio más ‘caliente’, en tanto que requiere menor participación por parte del usuario en la generación de sentido, puesto que hay mayor mediación del contenido y, así, mayor direccionamiento de los realizadores. Pero a la vez, con el video danza el espectador es ubicado en primera persona y puede escoger más libremente cómo y cuándo acceder a la obra, entonces su rol es más activo y por lo tanto el medio se enfría. Esto también implica que esta forma de arte puede ser más accesible para un número mayor de personas, tanto porque utiliza los nuevos medios de divulgación como la web que llega a casi todos los rincones del planeta, como porque su dialecto es más popular, más cercano a los lenguajes actuales.

Con el video danza creemos tener una mayor implicación sensorial, pero de hecho perdemos la presencia del cuerpo en movimiento y lo que esto implica. Podemos tal vez oír claramente la respiración capturada por un micrófono, pero ya no compartimos el mismo aire con los bailarines. Es un producto de la aldea global en todo su sentido en tanto que agrupa a sus seguidores sin importar el tiempo o el espacio y además involucra la  supremacía del individuo, pero a la vez genera una nueva sensibilidad, en tanto que los medios son extensiones de nuestros sentidos, como lo dijo Benjamin.

Evidentemente el video danza trae consigo nuevos planteamientos estéticos para el video y a la vez nuevas formas de ver la danza. El uso del video genera un nuevo tipo de pensamiento coreográfico y a la vez genera un nuevo tipo de tratamiento de lo audiovisual, en donde tanto quien graba como quien edita tiene posibilidades coreográficas evidentes. Retos que siguen ramificándose y produciendo obras fantásticas, mucho más pertinentes a nuestros tiempos.

Bibliografía

  • Fonseca, J. (02 de 02 de 2010). "Videodanza: transgenerismos y abrazos de autor". Revista de danza y artes escénicas el cuerpoeSpin. Recuperado el 25 de 01 de 2014, de elcuerpoespin.net: elcuerpoespin.net
  • García, E. (03 de junio de 2002). "Danza y tecnología II. Videodanza" Luciérnaga, cuerpo y arte artículos. Recuperado el 26 de enero de 2014, de Luciérnaga, cuerpo y arte: http://www.luciernaga-clap.com.ar/articulosrevistas/9_danza.htm
  • Alonso, R. (1995). "Video danza: otro bastardo en la familia". roalonso.net. Recuperado el 25 de enero de 2014, de roalonso.net: http://www.roalonso.net/es/videoarte/bastardo.php
  • Muñoz, B. (02 de marzo de 2006). "Cuerpo y video" Revista virtual Escáner Cultural . Recuperado el 25 de enero de 2014, de Número 81: http://www.escaner.cl/escaner81/ensayo.html
  • Carrera, D. y Pastorino, M. (2005). “Videodanza - Máquina y cuerpo” en
  • Carril, R. (2003-2009) “La video danza: la escondida incógnita”. En Publicaciones Semos 98
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