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ARCHIPIéLAGOS DE NITRATO
KIRIKOU: OTRAS FORMAS DE LA EPOPEYA
ESCRITO POR
Erika Antequera
Quisiera tener el don de la ubicuidad.

KIRIKOU: OTRAS FORMAS DE LA EPOPEYA

Kirikou, el célebre personaje animado del director francés Michel Ocelot, se convierte en una lección sobre el heroísmo. Él enfrenta desnudo los conflictos, sin un escudo o superpoderes, sólo exigiendo y entendiendo razones. Por eso en esta epopeya africana hay más de realidad que de ficción: la miseria que recorre el continente y la sabiduría de las comunidades para sobrevivir a la adversidad. Erika Antequera reflexiona sobre las encrucijadas de los contenidos audiovisuales para niños.

Pequeñito, rápido, curioso, soñador, solidario, entusiasta y certero. Así es el protagonista de Kirikou et la sorcière[1] la película de animación más conocida del director francés Michel Ocelot. Cuenta Wikipedia que la historia está basada en un cuento tradicional de los Senufos, un pueblo de Costa de Marfil, donde la tradición oral es parte fundamental de la educación, como en muchos países africanos. Ocelot vivió parte de su infancia en Guinea y es evidente que la maravilla de sus paisajes, el papel que juegan los ancianos en la sociedad africana y las duras condiciones de vida en aquellos rincones tan lejanos le llevaron a contar esta historia que está lejos de ser una película exclusiva para niños.

Kirikou, ese niño diminuto que da vida a un gran héroe, habla en el vientre de su madre, se da a luz a sí mismo y se propone liberar a su pueblo de la maldición de la bruja Karabá, quien los ha condenado a vivir en la sequía cortando el flujo de agua de la única fuente que hay cerca de la aldea. Es tan pequeño que todos, menos su madre, creen que eso lo convierte en un ser débil pero él aprovecha su condición para acceder a lugares donde nadie más puede llegar, lo que lo convierte en un rotundo ganador frente a los demás. Ella, la bruja, vive encerrada en una enorme choza gris desde la cual ejerce su poder implacable. Odia a los hombres. Los ha convertido en seres cobardes e inútiles a su servicio y mantiene a las mujeres aterrorizadas exigiéndoles joyas y comida.

La madre de Kirikou es una mujer prudente y serena, que confía tanto en su hijo que le apoya en todas sus ideas y siempre está ahí cuando él lo necesita, como madre, cómplice y consejera. Ella acepta la independencia de su pequeño y siempre está dispuesta a escucharlo y darle la ayuda necesaria para que él emprenda su camino. El abuelo, fuente de sabiduría, es quien da a Kirikou la clave para acercarse a Karabá y liberarla del odio. Es él quien explica a su nieto que el mal no es gratuito, que tiene un origen y que hasta el ser más malvado sufre y lo invita a buscar dentro de si mismo el poder del perdón.

Las brujas, los lobos y los monstruos son seres que hacen parte de la vida de cualquier niño, así mismo los héroes que combaten todo tipo de maleficio. Pero Kirikou es diferente porque no necesita una armadura para defenderse. Es un niño con una autonomía envidiable para cualquier madre moderna y posee una valentía casi temeraria. Él se enfrenta al mal desnudo, sin escudo ni espada. No busca venganza, solo quiere razones.

Esta epopeya animada está hecha desde una perspectiva africana que deja casi en ridículo a clásicos infantiles como «El Rey León» o «Madagascar» que recrean las aventuras de animales humanizados, llenos de tópicos occidentales, y que reducen al continente africano a la categoría de parque temático. «Kirikou et la sorcière» no sólo cuenta la historia de un niño y sus aventuras, va más allá y relata las miserias de tantos pueblos africanos donde escasea el agua, la electricidad y no hay supermercados pero abundan la solidaridad, el respeto por la sabiduría, el amor profundo por la madre y la astucia frente a la adversidad. 

Los elementos que la componen hacen que el film sea una prueba de que a los niños se les puede contar historias reales con héroes con los que verdaderamente pueden identificarse. Aquí los animales no hablan como en el resto de las películas infantiles, pero no por ello son menos importantes. De hecho, son fieles compañeros de Kirikou porque lo acompañan y le ayudan porque hacen parte de su entorno natural. Sus mujeres semidesnudas tienen belleza y proporciones humanas y nada tienen que ver con las princesas rosaditas de los cuentos de Disney.

Los fetiches, claramente inspirados en el arte africano, representan el poder de la superstición, un elemento que no se puede desvincular de la narrativa vista desde el continente negro, lo que además refuerza la importancia de la cultura local. La resolución pacífica de los problemas de la comunidad a la sombra de un baobab es un buen ejemplo de convivencia para los niños, porque les enseña que no siempre hay que recurrir a batallas intergalácticas para resolver conflictos. Basta con escuchar y aportar. Los cánticos y las danzas con las que culmina cada momento protagonizado por Kirikou, así como la música que corre a cargo del senegalés Youssou N’Dour, suman un conjunto de recursos narrativos que hacen de esta película una pieza auténtica.

«Kirikou et la sorcière» fue el primer largometraje que vimos David y yo con Arturo, nuestro hijo. Un poco cansados de la candidez de Pocoyó y las ñoñerías de Baby First nos atrevimos a enseñarle el film, no sin antes preguntarnos si no iba a ser demasiado fuerte. Pero yo, que crecí viendo dibujos animados extremadamente salvajes, telenovelas y noticieros sin censura, no vi inconveniente. Nos llevamos una grata sorpresa al ver que no sólo mantuvo su atención durante los 75 minutos de proyección sino que al final, como Kirikou, él también preguntó ¿pourquoi Karaba la sorcière est-elle méchante? [2]

Como madre agradezco que Spiderman, Batman y Superman le enseñen a mi hijo en sus ratos de entretenimiento pasivo que ser malo tiene consecuencias y que los buenos siempre ganan. Aunque tengo serias objeciones respecto a la trusa y la capa que los caracteriza, estos personajes facilitan las cosas a la hora de explicarle a un niño que la maldad no se puede ejercer impunemente. Sin embargo, prefiero otro tipo de contenidos audiovisuales para mi hijo. Me gusta que los personajes que admire sean seres valientes, decididos, que no se conforman con respuestas simples, que exigen explicaciones y argumentos a sus legítimas preguntas. Por eso adoro a Kirikou, porque es capaz de retar a la bruja y cuestionar sus métodos mirándola a los ojos.

En la saga de películas que Ocelot ha hecho con este entrañable personaje -«Kirikou et les bêtes sauvages»[3] o «Kirikou et les hommes et les femmes»[4] – se recrea la vida del pueblo en su cotidianidad y a lo largo de la narración prevalece el ingenio del minúsculo héroe para resolver situaciones sin necesidad de recurrir a poderes mágicos. Él sabe aprovechar lo que hay en su entorno para salir victorioso de cada momento difícil sin hacer daño a nadie, sin ver al enemigo destruido mordiendo polvo cósmico. Estas tres películas trasmiten a los pequeños espectadores que la vida en sí misma es frágil, difícil, pero que cada problema puede ser transformado en una gran lección colectiva.

Pocas películas destinadas al público infantil reúnen con tanta maestría la importancia de la colaboración y la solidaridad así como el respeto por la diferencia entre unos y otros. Así que en esta casa no tenemos inconveniente en seguir viendo de manera compulsiva –como es costumbre en los niños- una película con pocos efectos pero sí con mucha magia.

NOTAS


[1] Kirikou y la bruja.

[2] ¿Por qué la bruja es malvada?

[3] Kirikou y las bestias salvajes.

[4] Kirikou y los hombres y las mujeres. 

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