i.letrados contáctanos menú
secciones: epistolario
Epistolario
PARIS Querido F, Otra vez en una de mis crisis de sentido académico, cargada de trabajo hasta los cojones que no tengo, presión-presión- presión: tres exámenes y dos trabajos en tres días y medio y vuelve mi impotencia de caprichosa, de pequeño burgués inútil. Enfrentarme a mi incapacidad o mi falta de voluntad para asumir compromisos serios que requieren sacrificio me hace sentir como una niñita débil, tonta. Me inmoviliza más. Ese lado mío tan fuera de foco. No logro el sacrificio fundacional que me libere de mi propia pereza, de mi vicio ocioso, círculo de nada en nada, de gratificaciones baratas…   Odio esta maestría, odio ser evaluada, odio hacer cosas para que cualquier otro idiota en un sistema científico regularizado y pretencioso juzgue y valore lo que supe o no decir, hacer, leer, pensar. A quién le importa… te lo juro que le pierdo todo entusiasmo, no me interesan esos -ismos, y sin embargo un estúpido sentido del deber más moral que fáctico me tortura la cabeza, me hace pensar en mi papá pagándome una maestría y esperando algo de mí, me hace pensar en la bofetada en la cara que sería decir: ‘lo siento pero hasta acá llegué’, en la oportunidad desperdiciada, y sin embargo me convenzo cada vez más de lo equivocado que es para mis aspiraciones este camino.   Me haces falta…   no sabe mi alma dónde va a parar…   Nina.   BOGOTÁ La fuga. Experimentada como una necesidad de darle rienda suelta a los pies, sin compromiso de ningún destino ni lugar a conquistar. Escondida detrás del sistema nervioso como a la espera de que vacilemos para halarnos o espantarnos para correr, corriendo lejos de los vivos, de los muertos.   ¿A dónde? -No importa- diríamos, lejos de todos los lazos suaves o ásperos que pretendan orientarnos pero que siempre inevitablemente terminan por atarnos. Lazos morales, legales, filiales, éticos, culturales, siempre hilos y más hilos insinuando vías, rutas a ser seguidas. Claro, ante tal congestión de redes y de vías invisibles trazadas en el aire, el espíritu se enferma de inquietudes y de propósitos, las metas se hacen llama y abrasan nuestras calma, pronto el desacompasamiento se hace infernal y aquello que era nuestro nirvana ahora resulta ser  el infierno de lo doméstico que no colma los caprichos por los que nuestro niño interno hace escándalo en nuestra sangre.   No quiero imaginar como esta sensación te debe calar los huesos sumada a un sentimiento de orfandad por tu “exilio”  (por llamarlo de algún modo). No sé, solo puedo hablar desde mí, mi nueva vida me aleja cada vez más de los lugares y compañías habituales y me ha sumido en un destierro en el que no puedo contar con nadie a la hora de “fugarme”, no encuentro la fuga, mis antiguas puertas de emergencia se han ido cerrando una a una.   Creo que en tu caso la distancia te ha sumido en un nuevo universo desconocido, del cual obviamente tenías que desencantarte y desmitificar(te), ya te lo había dicho antes. Pero quisiera que comprendieras que desmitificar a París  y su despótica academia es desmitificarte en un sentido que inevitablemente ha de doler, el compromiso con tu padre y eso que llamas “la oportunidad” ya no pueden estar mediados por esa imagen antigua de tí misma, nosotros siempre tan enfant terrible, tan inteligentes y brillantes y a la vez tan anárquicos. Esa imagen mediaba nuestra estadía en las esferillas culturales y académicas en Bogotá y nuestros antiguos escenarios. Pero esa imagen, que aún persiste en algún lugar del saco de la identidad, ya no sirve. Doble desilusión: lo que buscábamos no es lo que creíamos,  lo que somos ya no alcanza para lo que buscábamos. No sé hasta qué punto me equivoco en todo esto que te estoy diciendo, pero me parece que parte del remedio está en que no te puedes seguir juzgando a la expectativa de un sueño que hasta ahora está echando sus primeras raíces, menos a partir de los estándares de educación europea (que resultan tan alentadores como castrantes), a la mierda tu padre, tú tienes derecho a equivocarte, a lo que no tienes derecho es a renunciar sin haberte equivocado porque te pierdes la experiencia de aprender, así sea aprender de algo que te resulte repulsivo. Creo que eso es lo que tu padre no te perdonaría, que no lo intentaras con ahínco y sin dejarte aplastar, pero no por eso te vas a convertir en carne de cañón de tu propia batalla, el sacrificio no es siempre inmolación.   Si tuviera que recurrir al Zen te diría lo siguiente, leído esta mañana en un libro de Deshimaru,   no renunciar, ni tampoco luchar no huir, ni tampoco buscar   literalmente:   Si queremos tocar o coger un gato, el gato se escapará   Demasiado amada, la mujer escapa… ¡Poco amada, escapa también!   Resistencia, pero una resistencia fluida, que te permita estar abierta a lo que suceda, teniendo la humildad (palabra fuerte ah) de saber que se puede perder y que no se tiene el control sobre todo lo que lo rodea a uno. Otro maestro, diría que uno se pasa media vida escapando de lo que no le gusta, y otra media corriendo detrás de lo que desea. Supera la contradicción y relájate, supongo que sin lenitivos ni amigos debe ser una cosa tremenda, pero date la oportunidad. Suelta el sueño antes de que el molino de viento se te venga encima.   ¡Te amo querida! Confío en que la artista que hay en tí no dependa de ninguna academia, ni francesa, ni colombiana, no dependa de un parcial, ni de un trabajo. Confía tú también y da lo mejor en la batalla.   F.A
NOVIEMBRE
PARIS Volví confirmando lo necesario que es viajar. Respiré, dormí, leí. Me sentí perdida entre ese alemán tan indiscernible, leí a Maffesoli hablar del nomadismo y los vagabundeos iniciáticos, y hoy que llegué a Paris fui a una conferencia llamada “las luces de la noche”, donde un astrofísico hablaba de las estrellas muertas y un hombre, cineasta, escritor, poeta, hablaba de su vida al quedar ciego por una agresión macabra… El tema de la ceguera me hizo pensar en Sábato y en ti. Pensar en que normalmente la idea de quedarme ciega equivale en mis apreciaciones al fin del mundo, a la tragedia. Y ahí en frente ese hombre que siguió haciendo películas después de no ver más y que ha viajado a los lugares más recónditos de la tierra solo. Hablaba de haber ido a Groenlandia, lo más al norte posible, donde unos pocos viven entre la depresión, la demencia, y la obligación de sobrevivir cuando seis meses al año es siempre de noche. Decía que fue muy duro, pero que solo en esas condiciones extremas se pueden recorrer distancias inimaginadas en uno mismo. regiones internas inconcebibles, viaje interior. Cerrar los ojos para ver todo lo que la luz vuelve invisible. Los ciegos de nacimiento hablan con un lenguaje que no se ajusta a su mundo. El señor contaba de un joven ciego que conoció, que cuando hablaba de sus “fantasías” decía que le gustaban las rubias. Aunque no supiera qué era eso, ser rubio, le gustaba. Nadie ve lo mismo, eso es seguro, pero ¿qué pasa cuándo se elimina ese referente común -así ese “común” sea una prestidigitación?- La imagen versus la imaginación. El ciego de nacimiento al que le preguntan a sus 17 años, si un médico pudiera devolverle la vista, ¿aceptaría? Después de un silencio él responde: “tengo miedo de que las imágenes dañen mi imaginación.” ¿Hay que enceguecerse para encontrar las imágenes propias? Pienso en el informe sobre ciegos, pero solo recuerdo tramas, quizás secundarias. ¿Tienes algún tipo de apunte- impresión de ello? Estos apuntes desorganizados que te hago llegar son como esas piezas de rompecabezas que fui hallando en el camino en estos días de fuga, de tren, de distancias y velocidades, de “otra parte”. En francés existe una palabra que me encanta. Ailleurs. Significa ‘otra parte’, pero sé que sabes la magia que tienen esas palabras que condensan más de lo que puede traducirse. Ailleurs -es todo eso que no es esto, es todo menos el aquí-. Bueno, en fin. Todo lo que encontré estando “ailleurs” para saber que los movimientos son internos, los viajes son solo el pretexto. El libro de Maffesoli también me tiene encontrando lo esencial, queriendo desenmascarar tantas cosas de vanidades, de caprichos, de bobadas, frustraciones innecesarias. Maffesoli cita a Nietzsche: “aprendamos poco a poco a repudiar esta individualidad imaginaria. ¡Descubramos los errores del ego! ¡Sobrepasemos el “yo” y el “tú”! Sentir de manera cósmica”. Habla también de Diógenes, el que se libera de los “falsos pesos” no por un dogmatismo de pobreza sino por la vida simple. Y a la final es eso. La SIMPLICIDAD que me llama y me clama y que instiga, la simplicidad cuando uno vive en la ciudad que la proscribe con su fama y su arrogancia y su nombre. Pero al fin y al cabo me maravilla eso, me reconforta ir hallando caminos e ideas que purifiquen, evitar esa putrefacción que difícilmente se esconde: el mito que se satura y el necesario regreso a lo básico, a lo sencillo, a la amabilidad, a la comunidad. A lo estable, pensar que hace un año era algo así como el argot popular designa: “volador sin palo”, y hoy sueño con una vida tan básica acompañada de un chico que me gusta y que quiero. Y sí, es que siempre buscamos el “ailleurs“, lo sé. Pero me reconforta saber que por lo menos en términos de lecturas, de ideas, de orientaciones y sentidos, me voy desprendiendo de capas de grasa, de colorante, de tanto invento occidental. Y sí, el problema es que occidente y sus fantasmas ya me hastían. La solución – o por lo menos la reformulación del problema- es cambiar de paradigma y en este mundo acaso es cambiar de hemisferio. No sé si sea precisamente oriente quien pueda dar un modelo de vida más gratificante, pero es ‘ailleurs‘, es el ‘yo original’ a diferencia del ego europeo-occidental. Tú sabes más de eso que yo porque ya te has asomado por ahí, pero en fin… voy a cortar acá las palabras sin tanta gracia como tú. Tengo que ordenar un poco y abrigarme porque hace frío. Te mando un abrazo refrescante para tus laberintos, una voz a la distancia que espero llegue a tus oídos y dibuje una sonrisa, sugiera un alivio. Besos. Nina. BOGOTÁ Figuras y palabras danzando que quieren recrear al texto, que quieren decir a través de un lenguaje dotado de nuevos poderes, de nuevas cargas y potencias. La continuidad resulta tan necesaria para cualquier posibilidad de composición, esa continuidad del tiempo que resulta de la confrontación vacua con uno mismo al final de uno mismo, en la que el silencio revela esa red de justificaciones inútiles que soportan cada acto de la vida, a tal punto de unir todo con todo, en una maraña de pretextos que en vez de ubicar solo restringen. Caminar sin red devela la ruta invisible de los pasos en el vacío. Esa es la sensación que anhela mi sistema nervioso en este momento y que percibí en tus palabras de nuestra última conversación, esa continuidad te da potencia, así como el fragmento nos vuelve artesanos y punzantes. Siento que estamos bordeando nuestra sombra a cada paso, pero tú desde el centro de la concentración que te permite tu vida parisina de estudiante y yo desde los bordes a los que me escapo a tomar aire para no sucumbir a la alienación, dos procesos divergentes pero al final un espejo líquido para esbozar una máscara nueva. Yo me pregunto qué se esconde debajo de todas estas capas de letras y palabras con las que nutro mi personaje de Bogotá, este fragmento copiado de algún sitio: ”Si a nuestra vida le falta una constante magia, es porque nos complace observar nuestros actos y perdernos en consideraciones acerca de la forma imaginaria de nuestros actos, en vez de ser expuestos por ellos.” Supongo que el viaje como experiencia estética debe evidenciar nuestros actos, entre otras porque no contamos con la audiencia de base para el aplauso, reproche o seguimiento; es algo que me gustaría probar, algo en lo que me hace pensar lo que me dices. Iré a buscar labores dentro de la oficina, son las 10 de la mañana y lo único que he hecho es leer poemas y escribirte.   Te veré en un rato.   Federico.
FEBRERO
Nina San Martín Yo es otro. Artaud Federico Arenas "El arte impide que muramos de realidad." Nietzsche.
Este número se hizo con el apoyo de COINTELCO, Pasión por la Energía. PBX. 3112799 CRA 50 No 78 - 21 BOGOTÁ - COLOMBIA