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Aunque lo consideramos justo, adecuado y necesario, muchos sentimos una cierta reticencia hacia esa nueva eco-logia que se publicita en medios y nos invita a salvar al planeta tierra. Primera observación: haya o no cataclismo o catástrofe, el planeta tierra se las arreglará maravillosamente por mil o trescientos mil millones de años sin nosotros, raza depredadora y parasitaria. Segunda observación: a pesar de ser una moda, esa nueva iniciativa por repensar nuestra manera de relacionarnos con el mundo y los objetos es, después de todo, alentadora. Trae consigo un germen profundo, una indicación de volvernos más conscientes de nuestros procesos, de ser orgánicos, de ser materia. Y es que nuestros grandes desarrollos mentales, intelectuales y supra sensoriales han ido siempre en detrimento de lo más –literalmente- elemental: del cuerpo que nos ata a una tierra habitada por más cuerpos. Todos sabemos que hacemos parte, de una u otra manera, del demonio del consumo, y que el consumo es el sine qua non del capitalismo, y que el capitalismo es un sistema soportado en una cosa que no existe (ruego que lean «10 señales de una falsa economía» antes de criticar esta afirmación). Pero no habría que irse a vivir como hobbits, bastaría con analizar y hacer más provechosa nuestra relación con los objetos. En mi búsqueda por personajes hábiles y expertos en esa cuestión me encontré con Carlos Bonil: artista plástico egresado de la Universidad Nacional, profesor en la Universidad Jorge Tadeo y uno de los 507 artistas más prometedores según Phaidon y su guía Younger than Jesus. Además de hacer ensamblaje con objetos en desuso, hace las veces de músico experimental con su hermano Germán en el proyecto Mugre, que también incorpora instrumentos made in el taller de Carlos. En él encontré una persona sencilla con un ojo especial. Basta con detenerse a observar realmente los objetos, basta con apropiárselos por lo que son y no por lo que nos dicen ser. Basta entender todo en esta vida como un universo de posibilidades y entendernos a nosotros mismos como seres humanos con una capacidad invaluable: la transformación. ¿Cuál es la motivación para hacer lo que haces? Yo era una persona normal hasta que comencé a acumular elementos dañados debajo de mi cama. Buscaba cosas en los cajones de la casa de mis padres, y uno de los primeros ensamblajes que recuerdo hacer era un muñequito con una chupa y un resorte; lo accionaba, lo ponía en el borde de una mesa y al rato saltaba. Comencé a trabajar así, con objetos en miniatura. Me encanta, me parece extraño. Soy acumulador compulsivo; tengo la capacidad de ver cosas que no todo el mundo ve en algunos objetos. Luego llegó la electrónica: tenía toda esa chatarra acumulada y me metí en la Universidad a una clase que se llamaba síntesis del sonido. En la clase solo teníamos un computador para más o menos treinta personas, lo que nos daba media hora de trabajo diaria. Yo no quise participar de eso, le pedí regalada una grabadora a una amiga y comencé a trabajar con cintas. Eventualmente me dio por abrir la grabadora y comencé a explorarla. La grabadora tiene la posibilidad de amplificar otro objeto, amplificarse a sí misma, sonar como un instrumento... todas esas reflexiones me fueron llevando a un camino de electrónica empírica. Hace un año estuve en un curso de electrónica básica pero no lo terminé. Es decir que primero empezaste a acumular sin saber... … a dónde iban las cosas. Yo veía siempre los circuitos como ciudades miniatura… Y ahora ya tienes más desarrollada esa sensibilidad de ver algo e imaginar potencialmente qué podría ser. Sí. Hace poco dicté un taller sobre pintura en piedra. La idea era encontrar en las piedras su forma oculta. Una de las cosas que mencionaba en el curso es el fenómeno de la pareidolia: asociar objetos a otras imágenes. Es como coger una señal no significativa y mentalmente hacerla significativa, llenarla de contenido. Creo que sufro de un estado avanzado de pareidolia, que es una suerte de paranoia. Eso es lo que ocurre. ¿Qué determina la utilidad de un objeto? ¿Qué determina la función de un objeto acá en mi taller o en el mundo? (risas) La gente es muy utilitarista, cuando algo se daña se bota, o simplemente se reemplaza porque ya ha salido algo nuevo. Hay un valor de uso que se establece socialmente para las cosas, tú también eres utilitarista, solo que amplías el rango de funciones... Sí, exacto. Lo que yo hago es alargarle la vida útil a las cosas. Darles otra oportunidad. En mi taller, la utilidad se determina por varias cosas: yo tengo todo seleccionado por forma, función, material, color, transparencia, tipo... Por un lado tengo todo lo de electrónica, por otro lo de plástica, por allá resortes. Hace poco hice una caja de solo círculos y cosas redondas... ¿Qué piensas de esa relación que se ha establecido entre el ser humano y los objetos? Yo tengo una relación muy cercana con ellos, los estimo mucho. Me parecen muy bonitos. En general, la gente compra algo que viene en una caja y la bota, pero no piensa en todo lo que se demoró el diseñador gráfico en hacerla, en encontrar los materiales adecuados… Me parece que aunque yo también boto cosas porque tengo que hacerlo, la forma en que opero es mucho más sensata. Recupero cosas y objetos de la calle, no para salvar el mundo, necesariamente, sino para tener un archivo de objetos que me puedan servir para hacer lo que hago. Para ti, ¿qué es el arte? Yo tengo un conflicto con eso, porque el arte ha tomado una dirección poco 'creativa' -en referencia a la 'creación' de objetos, de dibujos, de pintura, de elementos gráficos- y se ha vuelto una cuestión de pensamiento. No está mal, no tengo nada en contra, pero para mí no es suficiente. El arte para mí es acción pura, llegarle a las cosas y descubrir cuáles son sus propiedades y sacarles lo mejor. Así como decían que dentro del bloque de mármol estaba la escultura, también pienso que en la hoja en blanco está el dibujo. Uno lo ve, lo visualiza. Es algo que en psicología se llama proyección, es darle propiedades a las cosas para que sean otras. Pero, ¿te parece que el arte es el único medio de resignificar esos objetos en desuso? Se pueden hacer cosas útiles con desechos, se pueden emplear en la vida diaria. No sé si en cualquier campo. No sé si un oficinista de la 100 le hallaría gusto a tener un portacomidas hecho de plástico reciclado. Es una cuestión de... ¿creencias?... hay gente muy ‘fifi’ que le parecerá terrible pensar que las cosas salen de la basura. Yo me he movido mucho en el círculo de las galerías y del comercio del arte, vendo basura re hecha y me la compran. Cuando se resignifica con la etiqueta ‘arte’ tiene un valor adicional, no solo monetario, un valor adicional que la gente realmente aprecia. ¿Tú en tu vida, aparte de tu obra, tienes objetos reutilizados? Mi mesa es reciclada, allá hay unos cajones que son estructuras para meter herramientas… incluso mi cama. ¿Y en tu proyecto musical? Cuéntanos un poco sobre Mugre.   Mugre es un grupo que tenemos mi hermano Germán y yo desde hace 6 años. Siempre es un complique tener un grupo de más de 2 personas. Dos es increíble; somos dos cabezas pensando, ayudándose y teniendo un 'versus'. La afinidad que tenemos es bien particular. Tocamos con teclados, Casiotones, bajo, trompeta, bandola, pedales, e instrumentos que yo hago: secuenciadores, generadores de tonos, etc. Ensayamos cada ocho o quince días, somos bastante prolíficos haciendo canciones. Las montamos sin letra, luego añadimos un balbuceo... este se volvió parte importante del grupo. No todas las canciones son así pero a mí me parece bien especial y particular; para transmitir una sensación no hace falta la palabra. Y en sincronía con tu otro trabajo, creo que el balbuceo termina siendo casi un residuo de la voz, ¿no? ¡Sí, sí, más o menos! igual uno puede definir de qué va la canción sin necesidad de letras.  ¿Qué es lo esencial y lo determinante para ser artista? Beuys decía que todo hombre es artista, pero yo estoy en desacuerdo. Todo hombre podría ser un artista, pero no todos quieren. Si uno se lava los dientes se está lavando los dientes, no está haciendo arte. Beuys decía que sí, que toda acción era arte. Para mí hay varias cosas que lo determinan. Una fundamental es que cuando el dinero se vuelve lo más importante no se está haciendo arte, se está consiguiendo plata -no estoy diciendo que la plata no sea importante para mí, porque vivo de esto-. El artista es el que se va del taller y sigue pensando "le hubiera puesto más azul, cuando llegue a la casa tengo que limpiar los pinceles…" alguien activo creativamente. Pensar, ver, discutir... realmente el acto creativo tiene mucha significación e importancia para mí. Yo tengo un problema con el arte conceptual. Normalmente con el hecho de nombrarse artista es suficiente, pero para mí no lo es. La pieza tiene que hablarle al que la ve, directamente, solo viéndola, escuchándola, oliéndola. No confío en los textos de plotter al lado de la exposiciones -siempre va a haber, y en todas mis exposiciones ha habido- pero siento que alteran la percepción de las cosas. ¿Crees que se efectuará un cambio significativo en los ciclos de uso de los objetos? Si esto de verdad colapsa como está tratando de colapsar hace rato la gente va a comenzar a ver sus objetos con más amor. Yo podría decir que amo cierta carcasa de cierto aparato pero igual le echo serrucho, porque quiero que sea algo útil. El problema es que la gente no quiere sus cosas. Siempre quiere otra cosa. O la idea de las cosas y no la cosa misma. Exacto, lo que les provee la cosa. No ven todo el trabajo que hay detrás de ella, la forma, la materia, todo el pensamiento que hay detrás de ello por una razón. La gente es de usar y botar. Casi todos mis amigos usan y cuando van a botar me lo regalan a mí… por eso son buenas personas (risas). Si quieres ver más del trabajo de Carlos, puedes hacerlo acá: http://www.flickr.com/photos/14800781@N04/
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Versiones capitales
EL CORAZÓN DE LAS COSAS
Textos
Ana Maria Trujillo Editora de i.letrada Revista de Capital Cultural Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes. El estremecimiento.
Imágenes
Carlos Arturo Ramirez Realizador Audiovisual Escribo por placer, hago música por adicción, y filmo por necedad.