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Tras escena
Prejuicio controversial sí, pero ¿cómo desmentirlo? Ignoramos si estas personas saben que, precisamente por esa fuga del tiempo en la consagración a este oficio, el teatro se convierte en una acción fundamentalmente política, requiere de sus participantes extenuantes horas de ensayo, tiempo que no se invierte en otra cosa, (por ejemplo, en un oficio más lucrativo) pero que le puede devolver a quienes deciden practicarlo algo tan esencial como la dicha del encuentro ante la hostilidad dosificada de los relojes, los buses, los deberes, las oficinas. En Bogotá son cada vez más los cuerpos que se dan cita en la escena, que parecen estar dispuestos a alentar a la imaginación a concebir otros modos de vivir la vida. El grupo Teatro Impulso Colectivo viene trabajando en esta vía desde hace ya algunos años. Después de que nos abrieran una pequeña ventana al proceso creativo de su obra «Los Elementos», sentimos que en Bogotá hay artistas para quienes aún es importante fundamentar su oficio en la reflexión sobre las salidas posibles al malestar cotidiano que nos aqueja y nos deshumaniza. Aire, Fuego, Tierra y Agua. Los cuatro elementos de la naturaleza son personificados en una dramaturgia donde se exponen cuatro de las matrices fundacionales del ser humano: pensar, desear, tener y sentir. Los encuentros y desencuentros entre estos personajes tienen como resultado una alquimia existencialista y etológica en clave de melodrama. Para Johann Potdevin, dramaturgo autodidacta y director de este proceso de creación colectiva, esta obra es un cuestionamiento a lo cotidiano a través de una expresión simbólica. Desde octubre del 2011 y gracias a una beca para jóvenes creadores del Ministerio de Cultura, este elenco se ha dado cita para montar el texto original, escrito por Johann en marzo durante su estadía en Alemania. Un periodo de aprendizaje como asistente de dirección en Munich le permitió no solo conocer ciertas tendencias escénicas en boga y participar de ellas, sino forjarse su propio punto de vista en lo relativo al arte de las tablas. Notando que el teatro contemporáneo está optando por incluir cada vez más elementos en escena –cubrir las tablas con tierra, intervenir el escenario con tanques de agua, jaulas, etc.-, en un afán, quizás, de aumentar la intensidad y la verosimilitud de lo que se presenta, Johann decide tomar una dirección contraria. Aunque no consolide un cuerpo teórico específico ni un estilo definido, la visión y la propuesta del grupo TIC se deja entrever en sus dos montajes previos. «Rain. Pieza de mimo para dos actores» es un cortometraje teatral sin texto que resalta el trabajo gestual de los actores y, a la vez, genera y visibiliza la discusión entre las especificidades de las formas de representación que la componen –el teatro y el cine-, sus posibles puntos de convergencia, las riquezas y las fugas de las posibilidades de cada una; «Los Pájaros. Mojiganga de la palabrería», segundo montaje (primero exclusivamente teatral) es una diatriba a cuatro voces contra la vanidad, la superficialidad y la ligereza en el mundo, que se presentó en Bogotá y en Cali en el segundo semestre de 2009. «Los elementos», por su parte, encierra en su centro una pregunta por el sentido: ¿Para qué nos despertamos por la mañana? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Cuál es el móvil, el motor, el impulso, el delirio?  Cuatro paisajes, cuatro escenas, cuatro alternaciones de poder, un mecanismo caleidoscópico que nos presenta un repertorio de respuestas posibles. Consumir, poseer, aprender y desaprender, mandar, guiar, jugar, sanar. Entre ires y venires, mares de dudas, duelos, coqueteos, intrigas, esa pugna que en escena personifican cuatro –Agua, Tierra, Fuego y Viento- es el desdoblamiento de lo que se fragua en uno, en todos los organismos. De la combinación de un guión complejo, poético, y una trama bastante mundana y acaso predecible, se entrelazan referencias, sentidos y tradiciones semánticas, a través de la confrontación y el intercambio entre los procesos mentales, emocionales, materiales y creativos del ser humano. Ante las ráfagas y las cruzadas verbales, a ratos abrumadoras, la obra solicita del espectador una participación atenta para encontrar en ella esa voz que recorre el hilo del tiempo; de estos tiempos convulsos, de los ecos y las repercusiones que han sacudido al mundo. Gritan los indignados y tiemblan los dictadores, pueblos enteros sucumben ante las aguas desbordadas y los saqueos de cuello blanco, pero siempre prevalece, incólume, un inconsciente colectivo, la intuición del poder de hacerse valer por voluntad y mérito, sorteando tantas oleadas adversas, tanta miseria del mundo. Teatro Impulso Colectivo se reúne por el placer mismo de reunirse, convoca por la delicia de convocar. El ejercicio de creación del grupo es, como su nombre lo indica, conjunto y espontáneo. Cada detalle -en la actuación, en las luces, en el vestuario, en la música (bellísima colaboración del grupo Desnudos en coma)- trae los rastros de las noches en vela, de la deliberación y las propuestas que se entretejen entre amigos, guitarras y aguardientes. El reto que plantea esta obra en particular es el de lograr paisajes teatrales valiéndose de las dos materias primas del teatro: el texto escrito y el cuerpo de los actores. La apuesta del grupo es, sin embargo, arriesgada, pues sólo cuentan con cuatro actores y una escenografía más bien minimalista. Según el director, la propuesta podría entenderse como ‘teatro de la textura’: en una doble acepción, se refiere tanto al texto escrito como a las texturas visuales que se representan. ¿Cómo actuar el pensamiento, la ley, la ética, el deseo? ¿Cómo actuar una ola, una tormenta, el frío, la tristeza? En el proceso de abstraer la materia para volverla gesto y movimiento, apoyándose en la música y la luz, «Los Elementos» nos devuelve a los planteamientos primigenios de la representación, invitándonos a hacer parte de una vivencia que es única y cambiante, a tener siempre presente que el teatro se hace a partir de organismos vivos, pero que también requiere del espectador una imaginación constantemente dispuesta. El texto, denso, monológico, además de plantear colosales digresiones y preguntas, es el que vehicula y cristaliza ese mensaje y esa invitación: el gran aprendizaje en la vida es aquel de hacerse dueño de su propio destino, de armonizar sus partes, de entenderlas en su relación. Nada puede el deseo sin el amor y la empatía, ni el raciocinio y la duda sin la consecuencia, ni la ética y la conciencia sin el juego. Nada puede el teatro sin público. «Los Elementos» se presentó durante el mes de marzo en el teatro Acto Latino. En estos días prepara su gira por Cali. LOS ELEMENTOS Dramaturgia y dirección Johann Potdevin Franco Asistido por Felipe Correa y Juan Pablo Rozo Elenco Sonia Parada, Cristina Castaño, Jaime Fernández, Sebastián Serrano Arte Mayra Sánchez Vestuario Natalie Potdevin Franco – Maria Isabel Quiñonez Música Desnudos en Coma
Hay quienes piensan que el teatro es ante todo una excusa para el ocio y la 'compinchería'.
Ana María Trujillo Socióloga Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes. El estremecimiento.
Una ventana abierta. Una mirada furtiva. Un grupo de creadores impulsivos y su oda teatral a la búsqueda colectiva del paraíso perdido.
LA ESTÉTICA DEL IMPULSO - LA POLÍTICA DE LA TEXTURA
Textos
Paula Amador Cardona Diseñadora gráfica Diseñadora-comunicadora, creo que existe una lógica secreta que une todas las cosas del mundo: la comunicación.
Fotografías
Alejandra Villafañe Estudiante de literatura Estudiante de literatura, admiradora de cadáveres exquisitos, esclava amorosa de las máquinas de escribir, fanática de los escritores beat y adicta al chocolate.