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Santa Nerda
Desde la década de los ochentas, se percibe un renovado interés en la reflexión sobre el rol de las corporalidades en las diversas culturas que habitaron y habitan el globo terráqueo. Esto ha llevado a un notable aumento de los estudios efectuados desde diferentes disciplinas sociales y humanísticas, así como a una creciente relevancia de los abordajes interdisciplinares y transdisciplinares, en los que confluyen teorías socio- antropológicas, históricas, filosóficas, psicológicas, feministas, estéticas e incluso las de inspiración biológica, como las neurocientíficas y las evolutivas. Personajes como Marcel Mauss, Georg Simmel, Norbert Elias, Maurice Merleau-Ponty, Michel Foucault, Michel Serres, Mary Douglas, Pierre Bourdieu, Jean Baudrillard, Bryan Turner, Alain Corbin, Mike Featherstone, David le Breton, Judith Butler, Thomas Laqueur y Thomas Csordas, han legado un extenso corpus teórico sobre el cuerpo como una intrínseca ‘condición humana’. Con el riesgo propio de crear una idea-compendio, el ‘cuerpo’ es para estas pensadoras y estos pensadores un terreno existencial de la cultura y un lugar epistemológico desde el cual se puede captar el carácter afectivo, moral y espiritual de la experiencia social. Cada cual, a pesar de sus divergencias, intenta captar las formas particulares en las que el cuerpo se materializa ante experiencias vitales distintas. El cuerpo, entonces, no está naturalmente dado, sino histórica y socialmente construido y experimentado. Por consiguiente, es un importante vehículo de significaciones de la cultura (como visión del mundo e instancia de sentido) y en esa medida, espacio de lazo social de un saber singular de relación con el ‘otro’. Así, la corporeidad humana se manifiesta como la base de la experiencia individual y colectiva. En este marco de renovados intereses, la relación condicionante entre ‘cuerpo’ y ‘ciudad’ no ha pasado desapercibida. Un doble proceso parece impregnar estas articulaciones mutuas: la ‘ciudad es encarnada’ y la ‘carne es urbanizada’. Estas relaciones espaciales y corpóreas se determinan recíprocamente, en buena medida, porque ambas están dotadas de sentidos construidos en un horizonte cultural; ambas son productos sociales. La correspondencia entre la experiencia del cuerpo y la experiencia urbana es profunda y compleja. Cinco autores y cinco temáticas son claves para entender el asunto en cuestión. Ciudades y cuerpos civilizados. En «El proceso de la civilización» (2007 [1939]), el alemán Norbert Elias propone entender el cuerpo moderno como un producto ‘fabricado’ bajo políticas y técnicas de sociabilidad urbana. Su análisis repasa las prácticas concretas de ‘urbanidad’ que evidenciaron los cambios, rupturas y continuidades en las configuraciones del comportamiento humano, haciendo énfasis en las formas en que la persona se presenta cotidianamente, la experiencia de sentir, de moralizar y cómo estas se transfieren, institucionalizan y legitiman. Son famosos los ejemplos históricos que expone sobre la compostura en la mesa, el manejo de los desechos fisiológicos, el modo de sonarse la nariz y escupir, el manejo de la agresividad, límites de vergüenza y pudor, el proceder en el dormitorio, el trato entre sexos, etc. El autor demuestra, a partir de estas proscripciones, cómo la fabricación histórica del ideal de lo ‘civilizado’ implicó una serie de transformaciones en las estructuras urbanas, sociopolíticas y psíquicas. El nuevo individuo correctamente urbano debía ejercer sobre sí un autocontrol, una autovigilancia y una autorregulación. En la constitución de tales procedimientos, se crea un aparato formativo que sirve para inculcar al individuo, desde su infancia, la permanente costumbre de dominarse y obligarse a reprimir los impulsos corporales llamados ‘incivilizados’, aquellos impulsos que no eran ‘bien vistos’ en las urbes. Ciudades y cuerpos agitados. Georg Simmel, también de origen alemán, fue uno de los grandes pensadores urbanos; no sólo por su formidable capacidad para registrar y explicar aquellas cosas que eran propias de la ‘nueva vida urbana’, sino porque también fue capaz de presentarlas de manera sencilla y profunda. «La metrópolis y la vida mental» (1997 [1903]), su escrito más importante y difundido recoge estas inquietudes, profundizando especialmente en el tipo de interacciones que se despliegan entre el individuo y la sociedad. Su punto de partida para este análisis es que el urbanita, tensionado por un ritmo vertiginoso e imposible de evitar, comienza a configurar un tipo de personalidad moderna, capitalista, indiferente y reservada; un tipo de personalidad diferenciada por la intensificación de los estímulos nerviosos.   La perspectiva que ofrece Simmel para este nuevo escenario se basa en el estudio de la cultura y en la naciente psicología social y no en la economía, la biología o la política como era habitual para su época. El berlinés da cuenta de un fenómeno que está en el centro de la condición moderna: ¿cuál es el encuentro violento entre el mundo interno del individuo y el mundo externo de la sociedad urbana? Eso ya es bastante, como decía el literato Italo Calvino, para volver a él una y otra vez, como buen clásico. Ciudades y cuerpos disciplinados. El filósofo francés Michel Foucault, comprende analíticamente en su extensa obra la dependencia existente entre el cuerpo, como núcleo histórico-antropológico y el poder ejercido sobre él a través de formas particulares de conocerlo. Es el caso de los textos «Vigilar y Castigar» (2002 [1975]) y «Seguridad, territorio y población» (2008 [1977-1978]) que estudian las formas en que los conocimientos ejercen y producen poder - por medio de aparatos de regulación espaciales específicamente urbanos; por ejemplo, instituciones como escuelas, prisiones, casas de trabajo y fábricas en donde prevalecen las técnicas de disciplina y vigilancia corporal-, y mediante el desarrollo y aplicación de tecnologías para administrar el ‘ser’ -por ejemplo, presupuestos, censos, mapas, columnas de ayuda, propagandas de productos de higiene personal- que motivan la organización de la vida urbana. Así muestra cómo ha existido un desahogo tecnológico en la productividad del poder; con ello un cambio en la forma de concebir, administrar y controlar los cuerpos -que deben hacerse útiles y dóciles- por medio del espacio urbano. El poder se inscribe claramente en el espacio arquitectónico y en el discurso urbanístico para asegurar la vigilancia y la normalización. Precisamente, la tecnología de ‘poder disciplinario’ se maximiza con la incorporación del ‘panóptico’ en la arquitectura carcelaria. Esta disposición substituyó la oscuridad del calabozo medieval por la novedosa luminosidad moderna, tratando de hacer visible cada movimiento corporal, por pequeño que sea, de personajes aparentemente ‘dominados’. Se denotaba el beneficio y la utilidad de tal método: un solo vigilante se hacia cargo de toda la prisión, desde el centro del espacio construido lograba advertir las acciones de todos los condenados sin que ellos lo pudieran mirar a él, pero estando conscientes de su presencia. Ciudades y cuerpos antidisciplinados. Otro francés, Michel de Certeau, sigue en su análisis las formas microscópicas que organizan a la sociedad, pero contrario a Michel Foucault, que se centra en la microfísica del poder, pone su atención en la ‘microfísica de la resistencia’, la cual está presente en todo contexto social y, por lo tanto, en todo espacio. Se trata de una producción corporal creativa de la gente común -ya no pasivos- sino sujetos de intransigencia. El cuerpo es una esfera de disputa, es rebelde, no se deja subyugar por completo, escapa ocasionalmente, es un punto de fuga. En las artes corporales, como ‘maneras de hacer’, pululan las ingeniosidades del débil.   En «La invención de lo cotidiano» (2007 [1980]) el autor presenta una creatividad sumergida en un mar de astucias silenciosas y sutiles, eficaces porque se inventan una ‘manera propia’ de practicar la ciudad, una poética que reescribe los mensajes de los dominantes. Acciones que no solo interpelan directamente al orden establecido o a las acciones que pretendan establecer un orden; sino que dan cuenta del inmenso universo que existe entre una manifestación explícita de inconformismo y el silencio que se expresa a través de la indiferencia, entre una toma de una calle y los mecanismos cotidianos de sobrevivencia que adoptan los grupos sometidos para encarar las dificultades que viven día con día. Ciudades y cuerpos simbióticos. El sociólogo estadounidense Richard Sennett recorre la historia de las ciudades analizando la relación entre los modelos de cuerpo humano y los diseños urbanos. Justamente «Carne y piedra» (1997 [1994]) es un relato de la ciudad contado a través de la experiencia corporal de las personas, en un recorrido desde la antigua Atenas a la Nueva York contemporánea, apoyado en la premisa de que las relaciones espaciales de los cuerpos humanos determinan en buena medida la manera en que las personas reaccionan unas respecto a otras, la forma en que se ven y escuchan, en si se tocan o están distantes. Para recorrer este trayecto urbano-corporal, Sennett examina el patrón del cuerpo humano que primaba en cada época histórica para poder entender el modelo de ciudad que se intentaba construir. Entre los antiguos griegos, por ejemplo, la teoría del ‘calor corporal’ jerarquizaba a los cuerpos. Se creía que los varones libres tenían cuerpos calientes, mientras que las mujeres y los esclavos eran considerados fríos. Esto que a simple vista parecería insulso, organizaba todo un orden jerárquico que tenía sus consecuencias en el espacio urbano. Al finalizar el recorrido, el autor pone de relieve que el contraste y la heterogeneidad en la ciudad moderna no motiva a las personas a interactuar íntimamente. Durante el desarrollo del individualismo moderno, el sujeto se ahogó en el anonimato de las ciudades, las masas, la muchedumbre, la calle, el café, el ferrocarril. Para finalizar el escrito, la ‘actitud humana’ -según lo brevemente revisado- emana justamente de su condición corporal. La ciudad y el cuerpo se entrelazan perpetuamente bajo formas diversas de conocimiento, experiencia y aprendizaje social e individual. El enlace doblemente condicionante entre cuerpo y ciudad, da cuenta de un cuerpo ‘historizado’, construido y no como algo dado, biológico y estático. Esto es, el desarrollo de esta dependencia corpo-citadina se pone en marcha gracias a que ésta produce un cuerpo inacabado e incompleto, siempre en cimentación y movimiento. REFERENCIAS 1. DE CERTEAU, Michel (2007) «La invención de los cotidiano I». México, Universidad Interamericana. 2. ELIAS, Norbert (2007) «El proceso civilizatorio. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas». México, Fondo de Cultura Económica. 3. FOUCAULT, Michel (2002) «Vigilar, Castigar. Nacimiento de la prisión». México, Fondo de Cultura Económica. 4. FOUCAULT, Michel (2008). «Seguridad territorio y población». Madrid, Akal. 5. SENNET, Richard (1997). «Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental». Madrid, Alianza Editorial. 6. SIMMEL, GEORG (1997) «La metrópolis y la vida mental». En: Revista Discusión. 2 (1): 45-68. Barcelona, Barral. RECOMENDACIONES 1. «Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad». Ésta es una iniciativa destinada a brindar un espacio de reflexión, análisis y estudio sobre las temáticas vinculadas a las subjetividades y las corporalidades en y desde América Latina. 2. Lindón, Alicia «La construcción socioespacial de la ciudad: el sujeto cuerpo y el sujeto sentimiento» 3. «Revista Bifurcaciones». Esta iniciativa de estudios culturales urbanos, tiene con objetivo principal apoyar y promover una reflexión crítica y rigurosa acerca de las distintas representaciones de la vida urbana contemporánea 4. De Certeau, Michel. «Andar la ciudad» 5. Simmel, Georg. «La Metrópolis y la vida mental»
CUERPO Y CIUDAD
Luis Duran Antropólogo Antropólogo urbano costarricense, imbuido y atormentado por el torbellino bogotano. Cree ciegamente que las ciudades, como los sueños, están hechas de deseos y miedos.
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