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Si uno aplica el postulado a una reflexión sobre la fotografía y la piensa como una herramienta que permite registrar aquellos episodios de la realidad que resultan 'interesantes' y, paso seguido, abre cualquier página de redes sociales para ver los millones de fotos que la habitan, entonces las palabras de Volpi cobran sentido. Existen muchas fotos que podrían etiquetarse como 'interesantes', 'entretenidas' o 'divertidas', pero ante las que cabría preguntarse: ¿Cuáles de ellas pueden considerarse importantes? ¿Bajo qué criterio definimos la 'importancia' de una foto, en una época donde éstas han tomado un lugar tan relevante y al mismo tiempo tan trivial en el modo de vernos? Este artículo no tiene la intención de resolver inquietudes que han sido objeto de reflexión por parte de diversos personajes desde la aparición de la cámara fotográfica. Pero quizá al asomarnos al lente de Francesco Lastrucci, un fotógrafo italiano y frecuente transeúnte de Bogotá, podamos aproximarnos a una reflexión en torno al tema.  Nos dimos cita con Francesco Lastrucci, en una mañana de diciembre en La Candelaria; afortunado encuentro que nos permitió acercarnos a un trasegar fotográfico en el que la experiencia cotidiana es esencial. El testimonio de su trayectoria, que en repetidas ocasiones ha tenido a Colombia como escenario, nos permitió comprender cómo una fotografía puede convertirse en algo ‘importante’ cuando desciende a beber de los fondos más íntimos de la vida misma. Dentro de sus bitácoras de viaje y su exploración de diversas culturas, la Guajira y el Cesar se han convertido para Francesco en lugares inspiradores y apasionantes. Éste fue su punto de partida para compartirnos muchas anécdotas en torno a su trabajo como fotógrafo, su relación con las comunidades con las que se involucra y sus inicios en esta carrera. En la actualidad sus centros operativos de trabajo son Florencia y Nueva York, pero recorre el mundo visitando diferentes lugares como Hong Kong, la Guajira, Venecia y Estambul. Más allá de una postura turística en la que el viaje es simple entretenimiento, sus pasos siempre están guiados por la necesidad de emprender nuevos proyectos y descubrir aspectos de la vida humana, convirtiéndose así en un viajero que busca forjarse una experiencia más profunda de los lugares que visita, a través de la convivencia y el compartir con sus habitantes: “ Siempre me ha gustado viajar pero al principio lo hacía como turista. Ahora siento que no viajo como turista porque siempre lo hago con un proyecto que me permite ver las cosas de una manera diferente, más profunda. Claro, no como la gente [de la comunidad], porque nunca puedo vivir o sentir un lugar como lo vive la gente, pero sí de una manera más profunda. ” Aunque en su perfil se halla la arquitectura como profesión, actualmente Francesco tiene como oficio la fotografía. ¿Cómo se dan cita en él estos dos saberes?  ¿Qué significó esta transición? “Estuve bastante tiempo aburrido trabajando en una oficina de arquitectura. En ese entonces tenía una novia sueca, que era muy moderna y no le tenía miedo al cambio. Me habló de la posibilidad de cambiar arquitectura por una cosa que me gustara más, ella pensó que la fotografía podría interesarme. Estuve casi inconsciente de la fotografía como mi pasión verdadera, pero ahora voy a tomar fotos hasta la muerte”. Con este cambio de oficio, descubrió lo que amaba y se brindó a sí mismo la oportunidad de viajar de manera más frecuente. A medida que nos enseñaba fotos, descubrimos que a este viajero le gusta nutrirse de historias, su modo de aproximarse a éstas se basa en un acercamiento más humano a las personas que aparecen en su camino. Francesco nos cuenta que siempre intenta generar la oportunidad de una larga y afectuosa convivencia con las personas del sitio que visita, pues una intimidad sincera y transparente resulta siempre en fotos más interesantes, al tiempo que le permite comprender y reconocer otros modos de vida. La tranquilidad es parte fundamental de su trabajo, pues es una forma de transmitir seguridad y confianza: “Siempre miro a la persona a los ojos, y siempre explico. Siempre quiero dejar la impresión de que tengo buena intención y de que no estoy diciendo mentiras”. Y es que para él, un fotógrafo siempre tiene la posibilidad de mostrar las fotos como cuadros que relatan una historia, por eso su trabajo busca impregnarse de las vivencias de las personas con las que se topa. Aquella pretendida objetividad y distancia entre observador y observado es una intención que ha ido perdiendo lugar en su quehacer. La experiencia le ha demostrado que los vínculos trascienden esta relación y que una apuesta por lo humano hace surgir matices enriquecedores no sólo para sus fotografías, o para su trayectoria profesional, también para las personas que habitan sus fotos. Pero en esta exploración más vivencial resulta inevitable compartir no sólo lo bueno, sino también lo problemático. Muchas de las comunidades con las que ha trabajado alrededor del mundo viven en medio del conflicto. ¿Acaso el trabajo de un fotógrafo contribuye de algún modo a resolver estos conflictos? “No creo que pueda solucionar problemas que hay en la Guajira pero espero que mi fotografía pueda dar dignidad a las personas. Es la cosa más importante, creo que cada persona tiene una dignidad y tengo que mostrarlo en mis fotos […] Los contrabandistas de gasolina, los vallenatos, los borrachos, todos tienen una dignidad […] Los problemas tienen que estar en las fotos pero de una manera más suave, que se puede ver, pero primero está la dignidad. No me gusta la ‘porno fotografía’.” Pero, ¿cómo puede la fotografía ‘dar’ dignidad a las personas? Para él, éste es un ejercicio que contribuye a que la gente sea reconocida en otras dimensiones que hacen parte de su dignidad; se trata de visibilizar aquellos matices que a veces permanecen al margen a causa de visiones estereotipadas. Quizá una fotografía no pueda dar cuenta ‘argumentativamente’ de estas dimensiones, pero sí las revela de un modo particular y contundente. Ese intento por buscar otro modo de expresar historias contribuye a que la gente reconozca la dignidad que hay en cada ser humano. Parte de los recursos para financiar sus viajes provienen de su trabajo como reportero gráfico. En este tipo de reportería se dan cita componentes de lo artístico, lo periodístico y lo fotográfico. Quisimos saber entonces hacia cuál de estas tres coordenadas se sentía más inclinado. Su respuesta fue contundente, aunque no tiene problema con participar de proyectos para diarios y revistas, se ve a sí mismo más como artista y fotógrafo que como reportero.  Es fundamental que en su trabajo esté presente la intuición y el sentir la magia del momento: “Es un proceso que muchas veces sucede sin siquiera pensarlo. Incluso, las fotos más periodísticas que tienen que explicar la situación también necesitan de un componente artístico, donde la composición llame la atención del observador”. Contar una historia o respaldar un texto informativo no deja de lado la posibilidad de que las fotografías también puedan ser visualmente interesantes. Tampoco implica que su vida quede relegada a lo textual; se trata de que todo aquello que respalda su proceso de creación (lo literario, lo vivo, lo anecdótico, incluso lo conflictivo) converja, para que el grado de comunicación y atención sea más efectivo. Pero lo efectivo no debe confundirse con lo explícito. Recordemos que Francesco no es partidario de la ‘porno fotografía’. Su gusto se orienta más hacia lo sutil, aquello que no busca ser extremadamente descriptivo: “(…) me gusta sugerir. Creo que una fotografía tiene que ganar la curiosidad de una persona y no contar todo”. Esta perspectiva de la fotografía como un modo de exploración cuidadosa de lo cotidiano y lo esencial del ser humano nos revela algo inherente a su trabajo: rescatar ese componente mágico sepultado por la fuerza de la costumbre, revelar aquella humanidad que muchas veces deshumanizamos, sin saberlo, a través de las rutina, de la mirada que ya no tiene tiempo para detenerse a contemplar lo mágico en lo sencillo. Quizá sea ese el motivo por el cual Francesco siente que su trabajo en La Guajira ha sido un modo de experimentar en carne viva elementos propios del realismo mágico. Al terminar nuestro encuentro con Francesco Lastrucci, nos quedamos con una reflexión general: lograr que una foto sea ‘importante’ no se basa únicamente en los elementos y conocimientos técnicos que la fundamentan (aquella tecnicidad que hizo a un personaje como Baudelaire cuestionar si la fotografía podía considerarse como un hecho artístico); esta importancia no sólo se genera en el modo de mirar al otro, de reconocerlo, de hallarlo como alguien interesante sino también importante, digno, humano.   REFERENCIAS 1. Comentario durante una conferencia en la Universidad Nacional de Colombia. Volpi,  un filósofo italiano cuyos estudios giraron en torno al concepto de nihilismo; fue especialista en la obra de Nietzsche y Heiddeger y estuvo interesado en la obra del filósofo bogotano, Nicolás Gómez Dávila.
Archipiélagos de nitrato
LA MIRADA DEL RECONOCIMIENTO
Una entrevista con el fotógrafo italiano Francesco Lastrucci luego de su paso por la Guajira.
Maria Paula Gutiérrez Antropóloga Me interesa el tema del exilio desde la forma como han sido abordado en el cine, la literatura y la música.
Para Franco Volpi[1]  ésta es una época donde todo parece interesante pero pocas cosas son consideradas importantes.
Camilo Andres Barajas Lingüísta  Aunque en la actualidad su interés primordial es el teatro y la literatura, como damnificado del humanismo permanece en constante forcejeo con la maquinaria supliciante del horror e intenta ganarse la vida martillando textos de todo tipo. Textos Francesco Lastrucci Fotógrafo Fotógrafo independiente que enfoca su trabajo en historias editoriales.
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